Mi Cantimplora Medio LLena

 

 

 

 

 

 

PEQUEÑOS–GRANDES RECUERDOS ( I )

Recuerdo que ya tenia reservada plaza en el Seminario “de vocaciones tardías” en Umbrete (Sevilla). La entrada era en el mes de Octubre, pero antes de entrar en el Seminario, y ante la incógnita de que pasaría en los próximos 8 años de estudios, y conociéndome, y con el gran interés que yo tenia de “ver mundo” prepare esta aventura.

Recuerdo que ese mismo año, un día de Julio de 1965 cogi mi mochila, el saco de dormir, una tienda de campaña muy pequeña (en aquella época era muy pesadas y mis pies salían a la intemperie) y con menos de mil pesetas, me marche a ver ITALIA Y LUEGO A ROMA PARA VER AL PAPA. Un viaje en auto-stop. Eran tiempos distintos de los de ahora. El auto-stop comenzaba a verse en nuestras carreteras. No había autopistas, ni en España, Francia e Italia.

Recuerdo mi salida de Valencia en el camión de un amigo a Barcelona. Que largo se me hizo salir de Barcelona, y luego llegadas a La Junquera, Marsella, Mónaco, Milan, Venecia, Bolonia, Florencia y Roma. (De estos lugares ya os hablaré). Pero… vallamos por partes, pues quiero haceros participes del gran corazón de tantas personas que me encontré en mi camino. El trato “tan limpio” de tantas personas que me recogieron en sus coches, furgonetas de reparto e incluso en moto con sidecar. ¡Cuantas gracias tengo que dar a Dios por tantos momentos de solidaridad! ¡Cuantas gracias por el buen corazón de muchas personas que me atendieron! Las gentes se fiaban del joven aseado, pelo cortado, y vestido con normalidad.

Recuerdo que en mi mochila había enganchado una banderita española, banderita española esta, que yo llevaba en mi bicicleta cogida a un alambre, la cual me había servido para ir a las clases de Bellas Artes de San Carlos, en el Barrio del Carmen. Quite la banderita de la bicicleta y la puse en la mochila para que se viera, y la verdad es que muchos de los que me pararon y dejaron subir a su coche el tema era España. Las gentes querían saber de España, pues se estaba abriendo al turismo. España “estaba de moda”, y siempre me preguntaban: ¡¡¡Franco sigue vivo!!! ¿Qué es de su vida? Opiniones y preguntas eran, como podéis imaginar de todos los colores. Gente a favor y gente en contra. Pero que podía decir yo, que pertenecía a una familia donde tenia un padre que se paso la guerra en la cocina de la aviación pelando patatas para la comida de los pilotos aviadores, y por lo tanto, había luchado por geografía en el bando republicano, y una madre con una mente muy limpia, y que ideológicamente era del Sindicato de la aguja y no quería el mal para nadie, y que en la medida de sus posibilidades atendía y acompañaba a gente de los dos bandos. Podéis entender que cuando ella en el año 1944, con 40 años de edad, me trajo al mundo, y siendo yo el “inesperado” me puso los nombres de Rafael Ernesto. Rafael por parte de su hermano muerto en el Bando Nacional y Ernesto el hermano de mi padre, muerto en filas republicanas.

Hoy siendo sacerdote recuerdo con emoción el momento cuando mi madre me contaba estas y otras experiencias positivas que ella vivió en su larga vida. Quizás por esto yo también veo la vida con la Cantimplora ½ llena.

 

PEQUEÑOS, GRANDES RECUERDOS (II).

Mi primera aventura en auto-stop fue ir a Madrid, Extremadura, Portugal, Costa Atlántica, Santiago y por el Cantábrico hasta Bilbao, pero esta experiencia os la contare otro día.

Cuando mi amigo German se entero de estos viajes, se quedo muy impresionado, tanto que le tuve que explicar las cosas muy detenidamente. Sus preguntas se amontonaban: ¿Por qué te fuiste? Afirmaba: ¡Tu estabas loco!, ¡solo por esas carreteras! ¿Como te comunicabas con tu familia? ¿Cuántos días fuera de casa?...

Mira German, le dije, yo era un estudiante de Bellas Artes, tenia que pintar y/o ser profesor. En la clase de Historia del Arte que nos daba Felipe Garin, lo veíamos todo en diapositivas o en los libros. Esto me dejaba en vilo. ¡Cuanto me gustaría ver todo esto al natural! La ilusión de un joven era: ¡¡¡Vivir, conocer, experimentar!!! Yo estaba decidido a viajar y en esos momentos no veía ningún peligro, y de hecho nunca me arrepentí de aquella “locura”.

Recuerdo llegar a Milan y entrar en Santa María delle Grazie , comenzada en 1446, pero ampliada bajo la dirección de Bramante (en 1492), autor de su precioso claustro. Puerta con puerta esta el Cenáculo Vinciano, que en su tiempo fue el refectorio de un convento dominico, y ahora sede de la famosa Última Cena (1495-1497), de Leonardo. Comoquiera que Leonardo quiso innovar la técnica del fresco, el resultado es que se halla en la actualidad muy deteriorado, pero visitar La Última Cena sigue siendo una experiencia conmovedora, pues uno no se imagina tener delante una pintura de 9 metros por 4,5. y ver la cui dadosa composición. A ambos lados de Jesús, están sentados dos grupos de tres apóstoles cada uno, ligados cada cual mediante miradas y los gestos. Es el momento plasmado en que Jesús dice: “Uno de vosotros ha de traicionarme”.

Recuerdo que en Venecia entré en la Scuola Grande di San Rocco, donde se contemplan cuadros de Tintoretto sobre temas del Nuevo Testamento, sobre todo, su crucifixión, de la cual escribió Henry James que “sin lugar a dudas, no hay otro cuadro en todo el mundo que rebose tanta vida humana; en él esta comprendido todo, incluida la belleza más exquisita”. Es una de las más grandes obras de arte.

Estaba yo pensando entrar en el Seminario y un sacerdote amigo me dio un documento con un cuño oficial, informando que estudiaba arte y que estaba en camino para entrar en el Seminario.”Por si acaso”. (En dos casos lo enseñe) Tiempos del Nacional Catolicismo.

Recuerdo que desde Barcelona a Marsella lo hice muy rápido pero a la salida de Marsella camino a Niza me pase tres horas a la espera, pero… no te voy a contar lo cotidiano, sino esas experiencias que se grabaron y siguen presente en mi mente.

En tres días tuve dos muy buenas invitaciones.

La primera fue en Niza. Era turística y en nada se parecía a lo que hoy podemos contemplar. Sí la playa, El Negresco, pero lo que más recuerdo fue la invitación de “pescadito frito” que dos hombres que estaban jugando al domino y que al ver la bandera española me preguntaron por Franco. No eran partidarios. Todavía cuando alguna vez he pasado por Niza, viene a mi memoria la comida en el pequeño puerto de pescadores.

La segunda fue a la salida de Mónaco camino a Milan. En plena cuesta y a las 12 del mediodía. (No existía la autopista). Pasó rapidísimo un Fiat de gama alta, precioso. En mi vida había visto algo igual, y a los cien metros paro, dio marcha atrás y me invitaron a subir. Dos señores muy trajeados. Sus preguntas fueron directas. ¿España ya va mejor económicamente? ¿Ya han empezado a fabricar el coche SEAT? La verdad es que eran ejecutivos. Ellos delante y yo como un gran personaje allí detrás como un “emperador”.

En lo alto de los Alpes, pararon en un restaurante de alta montaña. ¡Pobre de mí, pensé! Les dije que yo continuaba, pero que si al terminar de comer yo estaba en la carretera les pedía que me llevaran. ¡No! ¡Tú vienes con nosotros a comer! Con el hambre que llevaba y puesto que ya estábamos en Italia, recordare toda mi vida mi primer plato de ¡PASTA ITALIANA! ¿Será por eso que me encanta la pasta italiana “al dente”?

 

PEQUEÑOS – GRANDES RECUERDOS (III).

Os decía en mi primer articulo de Pequeños –Grandes Recuerdos, que ¡cuantas gracias tenia que dar a Dios por tantos momentos de solidaridad! ¡Cuantas gracias por el buen corazón de muchas personas que me atendieron! Las gentes se fiaban del joven aseado haciendo auto-stop, pelo cortado, y vestido con normalidad. Cierto. Fueron días de grandes descubrimientos.

Un día de camino a Turín, y estando yo en la carretera nacional, me recogió un italiano de madre española, se llamaba Andrea José. Andrea por su padre italiano (Andrés) y José por su abuelo español, y este fue un detalle que siempre recordare, ¡pues bien! Andrea José, que no conocía España, se alegro de ver mi banderita española, paro su furgoneta y me invito a subir, y mira por donde, que su abuelo, que había muerto recientemente, era de Albaida. (La familia de mi abuela materna es de Albaida). Ya os podéis imaginar nuestra conversación a lo largo de 150 kilómetros en dirección a Turín.

Llegamos a las afueras de Turín pasadas las 10 de la noche. ¿Dónde ir a dormir? Por razones que no supe, en su casa no podía ser, pero… en la fabrica de muebles sí. Dejo la furgoneta me abrió el despacho, me trajo un bocadillo y en el gran sofá pase la noche. Me acompañaba en la noche un gato que tenia un solo ojo, el cual en la oscuridad de la noche, daba un motivo siniestro.

A la mañana siguiente me trajo un buen “café capuchino” con pastas y me llevo a la puerta del Duomo de Turín. ¡Un día más para dar gracias a Dios por “tan buena gente”!

Como estudiante de Bellas Artes la catedral de Turín me dejo “algo impresionado”. Era la primera que veía en Italia. Ya había leído en Valencia que esta catedral era de arquitectura renacentista y que probablemente la había construido de 1491-1498 el arquitecto toscano Meo del Caprina. La fachada de la catedral está hecha de mármol blanco, con el tímpano y tres portales decorados con relieves, en las formas típicas del estilo del Renacimiento. En realidad la catedral fue construida en tres iglesias, dedicadas a San Juan Bautista que contiene la pila bautismal, a Santa María de Dompino y a San Salvador .

Lo más importante estaba por descubrir. La Capilla de la Sábana Santa o Capilla Guarini que fue añadida a la estructura de la catedral y se accede desde el presbiterio.

El Sudario de Turín —también conocido como la Síndone de Turín , la Sábana Santa o el Santo Sudario — es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas fisicos propios de una crucifixión.

El sudario mide 436 cm × 113 cm . Los orígenes del sudario y su figura son objeto de debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Algunos sostienen que el sudario es la tela que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro, y que el rostro que aparece es el suyo. La Iglesia Católica lo ha manifestado oficialmente su aceptación o rechazo hacia el sudario, pero en 1958 el papa Pio XII autorizó la imagen en relación con la devoción católica hacia la Santa Faz de Jesús.

La imagen de la sábana se puede apreciar más claramente en negativo debidamente contrastado, que en el color sepia original. La imagen en negativo fue contemplada por primera vez en la noche del 28 de mayo de 1898, en el reverso de la placa fotográfica del fotógrafo amateur Segundo Pia que estaba autorizado para fotografiarla mientras se exhibía en la Catedral de Turín.

Tengo que deciros que en la noche del 11 al 12 de abril de 1997 tuvo lugar un incendio en la catedral y la Capilla de la Sabana Santa. En ese momento la Sábana Santa no estaba en su altar de la Capilla, pues el 24 de febrero de 1993 por motivos de restauración de la capilla había sido trasladada a otro lugar de dentro de la catedral, pero en este incendio fue dañada.

¡Que experiencia en mi vida! Yo la pude ver antes de este incendio. Esa misma tarde camine en dirección a Venecia. ¿Qué me podía encontrar allí? Lo bien cierto es que me sentía agradecido y lleno de gozo.

 

PEQUEÑOS – GRANDES RECUERDOS (IV).

Mi amigo German, ya entrado en años, tiene de vez en cuando, la mala costumbre de fumarse un cigarrito junto a una cerveza, y hoy domingo, sentados en una mesa en la calle y cerca de la parroquia, me pregunto sobre mis andanzas de juventud.

Para ser sincero, te diré German, que hay acontecimientos de hace un par de años y que no recuerdo, pero al remontarme al años 1965 no tengo dudas, pues fueron experiencias que se grabaron gratamente en mi vida, entre ellas lo que aconteció a los dos días de mi visita a Turín y que ya te he contado.

Han sido muchas las veces que he viajado a Venecia y algunas no las recuerdo, pero aquella primera vez no se me olvidara jamás.

Cargado con mi mochila me dejo un camionero de fruta en la pequeña ciudad de Marguera,, que esta en la costa, y me dispuse a recorrer el famoso puente “Translagunero” que llega a la Plaza de Roma y une las ciento veinte islas de Venecia con el Continente. Y así se une como por encanto isla con isla mediante cuatrocientos cincuenta puentes y puentecillos;

La entrada esta junto a la Ferrovia y el Canal Grande. En mi mente quedo grabado desde la experiencia de los estudios de Bellas Artes, el esplendor y la belleza. Me vinieron a la mente muchas preguntas. ¿Cuál será la razón por la que Venecia se presenta distinta a todas las otras ciudades de la tierra? Para contestar a esta pregunta no hace falta profundizar demasiado, es suficiente mirar con atención a todo lo que nos rodea. Quien adopte este método se dará cuenta enseguida de que Venecia no está formada sólo de piedra, agua y aire sino de un conjunto de todos estos elementos que entran en la composición misma de la ciudad para formar esa admirable atmósfera creada por formas y colores que penetran en las fibras internas de su admirable estructura.

Recuerda German, que ya te conté, en el articulo 2, que en Venecia entré en la Scuola Grande di San Rocco, donde se contemplan cuadros de Tintoretto sobre temas del Nuevo Testamento, y sobre todo, su crucifixión. Después de paso por la Iglesia de los Frailes llegue y cruce el Puente de Rialto, con sus tiendas de cristal de Murano y su gran vista del Gran Canal, lleno de góndolas y “baporetos”.

Cuando entre en la Plaza de San Marcos, ni me di cuenta de la Torre “orologio Campanile”, ni los caballos de bronce, mis pies corrían para entrar en la Basílica de San Marcos. Su atrio con una serie de cupulillas y bóvedas, enteramente revestidas de mosaicos del siglo XIII, y bajo el altar, donde fue colocado en 1094 el cuerpo de San Marcos. Allí de rodillas, ¡¡¡cuantas gracias di a Dios por tan grata experiencia!!!

Me compre una guía y fui desgranando cada rincón de la Basílica y sus capillas. ¡Mosaicos por todas partes! Ya no eran las litografías que veía en los libros y en las clases del profesor Felipe Garín. ¡Estaba contemplandolo yo en vivo! ¡Se me pasaron las horas volando! A las cuatro de la tarde, el estomago me pedía. No me había dado cuenta de la hora, y por primera vez en mi vida me compre “un trozo de pizza” y una limonada, pues el agua en Venecia no era bebible.

¿Pero sabes German cual fue la más preciosa experiencia de Venecia? Te la cuento.

Caía ya la tarde y había que pensar donde pasar la noche y estando a la orilla del Palacio Ducal, mirando el Puente de los Suspiros, vi venir un sacerdote con “Manto y Teja” él me miro, y a él pregunte con un gran esfuerzo de italiano-español, si sabia de algún lugar, donde un estudiante de bellas artes y futuro seminarista podía pasar la noche. Me miro con una sonrisa irónica, y me dijo que como certificaba lo dicho. Yo enseguida saque el escrito, que mi buen amigo Juan me había entregado con membrete del Obispado de Valencia, en donde se decía y afirmaba lo dicho.

Me volvió a mirar con cariño y saco de su cartera una tarjeta donde escribió unas letras, me acompaño a un “baporeto” que cruza el canal, me compro un billete y me indico donde tenía que bajar. “Entrega esta tarjeta al portero cuando llegues al Seminario”. En la tarjeta ponía un nombre: D. Mauricio Racca (Rector del Seminario).

Las puertas abiertas. La cena en el comedor con los seminaristas, que estaban de convivencia con otros de otras diócesis. Yo era muy joven en comparación con ellos, y se les abrían los ojos y me llenaban de preguntas sobre mi experiencia del viaje. La disciplina nos dio poco tiempo pues a las diez de la noche me llevaron a una… habitación… que… “mamma mía”. Daba a la gran dársena y al fondo la Plaza de San Marcos iluminada… una cama con baldaquín y colcha de terciopelo… y que ¡¡¡blandita!!! No me lo podía creer.

Me ofrecieron pasar tres noches y tuve tiempo de jugar de portero medio tiempo, en un partido de fútbol con los seminaristas,(ellos jugaban con sotana).

A los tres días, y para más suerte, un sacerdote que iba a Roma me llevo con su Fiat. Nos dieron bocadillos para el viaje y unas botellas de agua y… carretera.

Durante estos dos días me visite toda Venecia, pero siempre que vuelvo con un grupo, les llevo a ver un rincón precioso que me encanta: La casa que tiene “La Scala a Bóvolo”, que no es más que la denominación veneciana del caracol, donde se contempla los escalones que trepan por los viejos muros en blancas espirales de piedra y que se remonta al siglo XV.

Mi amigo German me insistió en que le contara lo que paso en Roma. Pero eso será otro día.

“German te he dicho que desde el balcón de mi habitación se veía la plaza de San Marcos y se escuchaban los cantos de los gondoleros y que tarde en dormirme”…

 

PEQUEÑOS – GRANDES RECUERDOS (V)..

Como anteriormente dige estamos en Agosto de 1965.

El viaje en un Fiat chincochento conducido por el sacerdote Andrea, fue todo una odisea, sobre todo porque en aquellos días no existía la “autoestrada” y todo era carretera nacional. Salimos al amanecer de Venecia, las paradas de rigor cada dos horas y media. Pasamos cerca de Bolonia y la carretera nacional nos dirigió a Florencia.

Aquí vinieron mis dudas. Seguir a Roma o bajar en esta preciosa ciudad. Mis recuerdos de estudios en Bellas Artes, hicieron luz en Miguel Angel, con su David, la capilla de los Médicis, el Beato Angélico y Botticelli con el Nacimiento de Venus.

Se lo comente a don Andrea y le agradecí la doble atención; traerme a Florencia y dejarme junto a la famosa plaza del Duomo. Allí nos despedimos, no sin antes darme él toda la bolsa de comida que llevábamos para los dos. (Cuando a los cuatro días llegue a Roma, lo visite, y tras insistir, le invite a un precioso Tartufo en la Piazza Navona).

¡¡¡Que decir!!! Allí estaba yo en Florencia. En estos momentos solo me quedan los recuerdos. En aquella época no tenia ni una “mísera cámara fotográfica”.

Yo con mi mochila a la espalda me senté a los pies del Baptisterio y pase un largo rato contemplando la fachada del Duomo, o Catedral de Santa María del Fiore, que comenzó Arnaldo de Cambio y que debido a su muerte prosiguió los trabajos Giotto, quien atendía la construcción del campanario. Me llamo la atención que la cúpula estaba sin terminar en su decoración.

Al momento paro junto a mí, un carretero, un hombre de una gran personalidad, tenia una gran barba y una gran cola de cabellera. Vendía fruta. Aquel me pregunto de donde era y comenzó un intercambio de información. Por mi parte le di a conocer mis aventuras y él me dio muchísima información sobre la ciudad y las cosas que podía ver. Era conocedor del arte, pues me dijo, que la cúpula de la catedral la había realizado Filippo Brunelleschi y que Miguel Angel, copio la idea arquitectónica para construir la cúpula del Vaticano, pues esta, estaba levantada sin un armazón fijo, lograndolo haciendo descargar el peso de la construcción sobre una cúpula interna más reducida y basándose en la utilización de la llamada piedra “a espinapez”.

En la Iglesia de la Santa Croce y las seis de la tarde fui a misa y terminada esta, me impresiono su interior.

Siempre que he regresado a Florencia he llevado a la gente a ver esta iglesia donde se conservan el tabernáculo de Donatello, y lo que es más, los frescos que representan la muerte de San Francisco de Giotto. Los frailes que están juntos a Francisco, besando sus manos y sus pies, las caras de ellos y su tristeza, verdaderamente impresiona. Fue aquí donde me decidí que al día siguiente a la tarde saldría hacia las tierras del santo de Assis.

Aquella noche, por indicación del frutero, dormí en un albergue de juventud junto a la estación de trenes.

La tarde fue deslumbrante, pasear por la Plaza de la Della Signoria , Palacio Viejo, Palacio de los Uffizi y… el Ponte Vecchio.

Me viene al recuerdo en este momento que asomado viendo la belleza del río Arno al año siguiente, el 4 de noviembre de 1966 un tremendo aluvión azoto la región y subiendo las aguas mas de cinco metros sumergió tiendas, casas y destruyo cuanto contenían. Hoy podemos ver en lugares de la ciudad carteles de cerámica que nos dicen: “El agua del Arno llego hasta aquí”.

A la mañana siguiente, esta se hizo corta, pero antes de abrir la Galería de la Academia, ya estaba yo a la puerta para ver el David, y captar esa concepción del Renacimiento que tenia Miguel Angel, y que dio al David una visión serena del héroe, del hombre que acampa seguro en el mundo que está por conquistar. El rostro bellísimo de David, con su mirada absorta, el cuerpo ágil e impetuoso, la estupenda mano que aprieta la piedra tan bien estudiada en los haces de venas y nervios que la recorren, todo en suma expresa la fuerza, la decisión y la nobleza del hombre, la firmeza y la voluntad del héroe.

Luego vino el disfrute de la Capilla de los Médicis, y el museo de los Uffizi.

Tenia que volver, ¿Cuándo? No lo sabia, pero la experiencia fue tan enriquecedora, que cuando algunos jóvenes vienen a mi despacho, para preparar los papeles de la boda, les pregunto donde van de viaje de novios. Hay que quitarles de la cabeza Cancún y animarles a visitar esta tierras tan maravillosas que son capaces de llenarte el alma de tanta belleza.

A toda prisa y comiendo un bocadillo saque un billete, tome un tren de cercanías que me llevo a Perugia y de allí a Assis. ¿Qué me esperaba en la ciudad de Francisco?

Esto para otro día.

 

Pequeños (grandes) recuerdos (VI)


En mi anterior Pequeños (grandes) recuerdos V, terminaba con estas letras: “A toda prisa y comiendo un bocadillo saqué un billete, tomé un tren de cercanías que me llevó a Perugia y de allí a Asís. ¿Qué me esperaba en la ciudad de Francisco? Esto para otro día”.  Pues bien, ya estamos en ese “otro día”.

No tenemos que olvidar que estamos en el año 1965, y esto lo digo, porque cuando veo alguna película del neorrealismo Italiano, me veo como metido en estas escenas. Me explico: aquel tren al que subí en la estación de Florencia estaba lleno de gentes que iban y venían con sus cestas, unas llenas de tomates, otras con pollos y conejos, un griterío desbordante y, en medio de todo, los “carabinieris” pidiendo documentación pues habían realizado una redada en la estación, por el robo a una. Treinta minutos salió el tren tarde, aunque recordando nuestra Renfe de aquella época, la puntualidad no era normal: sabía uno a qué hora subía al tren y a qué hora bajaba, pero nunca a qué hora salía el tren y a qué hora llegaba al destino.

El bus de Perugia a Asís, fue otra odisea, pues seguimos con la imágenes del neorrealismo, sin asiento y en el pasillo, de pie, y entre paquetes llegue a Asís.

Lo primero que me maravilló fue mi visita a la Basílica de Santa Clara, donde se conserva el crucifico de Francisco. No es momento de desarrollar la vida de San Francisco, aunque bien sabemos que su nombre era Juan de Bernardone, pero lo de Francisco le viene por el mote de “franchesco”, esto es el “afrancesado, pues su madre que era francesa, lo bestia a tal estilo frances.

La conversión del hijo de Pedro de Bernardote, gran traficante en sedas y tapices, el “pobre de Asís” se hizo cuando vio el crucifijo que estaba entre las ruinas de la ermita de San Damián, y que según tradición le dijo al Santo: “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Francisco en ese momento, no entendió que el mensaje del Señor, era reconstruir la Iglesia Universal con un carisma nuevo, y se puso manos a la obra, con la ermita de San Damián.

Una de las características de los crucificados, que le gustaban a Francisco es que Cristo tuviese los ojos abiertos, mirando, con vida.

Asís es un pequeña ciudad que hay que visitar, y experimentar la vivencia religiosa. Al entrar en la gran Basílica, me quedé anonadado al ver, tanto a derecha como a izquierda las escenas de la vida de Francisco y le llamé la atención a un fraile muy mayor, que estaba en una mesa recibiendo los donativos para la celebración de misas. Como siempre, las preguntas y respuestas: ¿de dónde eres, a dónde vas, quieres algo? etc. Enseguida vino el diálogo, y la llamada a otro hermano para que me enseñara las Iglesias y la tumba de Francisco.

Norberto era de Salamanca, tenia veintisiete años, y después de explicarle mi aventura y recorrido en auto-stop por Italia, recuerdo con qué entusiasmo me lo explicó todo.

“Mira Rafael todo esto esta levantado sobre la extremidad del monte Subasio por deseo del Papa Gregorio IX y de Fray Elías. La doble Basílica anuncia, en la concatenación de sus nervios arquitectónicos, el proyecto de eternizar la figura y el mensaje de Francisco. Son pinturas de los grandes, como Cimabue y Giotto.
Sobre el románico trabazón de la Basílica Inferior (1228-1230), «Iglesia sepulcral» destinada a guardar los restos mortales del «Poverello», se construyó la Basílica Superior (1232-1239) que, en el movimiento ascensional de sus bóvedas, se presenta como el ejemplo «típico del gótico italiano» y la «casa más hermosa de la oración»

De rodillas y ante la tumba de San Francisco me vinieron gratos recuerdos, pero en ese momento me di cuenta, sobre lo poco que yo sabia de los grandes santos en nuestra Iglesia. Allí hice el propósito de conocer la vida de Francisco, Clara, Teresa de Avila, San Juan de la Cruz, Santo Domingo, San Ignacio y más y más y más. Mi visita a Asís me hizo comprender que hay una Iglesia Santa, que nos da su Palabra y los Sacramentos, que fue fuente para tantos santos, y una Iglesia pecadora que la formamos todos los mortales, que tras nuestro bautismo nos hemos separado de la Gracia de Dios.

Pasando los umbrales de este excepcional lugar, luminosa meta para muchos hombres inmersos en la angustiosa «tristeza» de no ser santos, resuenan las palabras de Francisco a sus frailes: «... y quien venga a vosotros, amigo o enemigo, sea recibido como hermano» (Regla 1, Cap. VII),

San Francisco dio a su orden el nombre de "Frailes Menores" por humildad, pues quería que sus hermanos fuesen los siervos de todos y buscasen siempre los sitios más humildes. Con frecuencia exhortaba a sus compañeros al trabajo manual y, si bien les permitía pedir limosna, les tenía prohibido que aceptasen dinero. Pedir limosna no constituía para él una vergüenza, ya que era una manera de imitar la pobreza de Cristo. Sobre la excelsa virtud de la humildad, decía: "bienaventurado el siervo a quien lo encuentran en medio de sus inferiores con la misma humildad que si estuviera en medio de sus superiores. Bienaventurado el siervo que siempre permanece bajo la vara de la corrección”.

En la pequeña casa para los peregrinos, que tienen los franciscanos, encontré un folleto que me dio a conocer lo siguiente:

La tarde del 3 de octubre del 1226 Francisco de Asís serenamente concluía su jornada terrena entonando el cántico de “nuestra hermana muerte corporal”'.
A sus frailes angustiados por el tránsito inminente, les confió: “Yo he cumplido mi parte, Cristo os enseñe la vuestra” Cerca de los restos mortales de Francisco, aquí enterrados en el 1230, se encuentran los cuerpos de cuatro asiduos compañeros que, rompiendo con el «tabú» de sus tiempos y de sus diferentes clases sociales, dieron grande y conmovedor testimonio de evangélica fraternidad: fray León, fray Maseo, fray Rufino y fray Angel.

Son más de diez las veces que he vuelto a Asís, pero siempre tengo el recuerdo de aquel buen rato que estuve junto a la tumba de Francisco, después que Norberto me dejara para seguir con sus faenas.

Al día siguiente, bajé a la Basílica de los Angeles, y tras visitar la “Porciúncula” busque la carretera, con la gran suerte, de que me recogió junto al mercado de frutas un camión cargado de sandías.

A media tarde entrábamos en Roma por el Puente Milvio. ¡Había llegado a Roma! El conductor, que no recuerdo el nombre, pero que no paró de hablar en italiano en todo el viaje, me miraba y se sonreía al verme tan emocionado, pues las lágrimas me brotaban de alegría.

 

Pequeños (grandes) recuerdos (VII)


Hace unos días regresaba de estar una semana en el Valle de Aosta de Italia. Han sido días de gran disfrute en aquellas montañas, con seis personas. Visitamos con los remontes, el Mont Blanc y el Valle de la Cervinia, con su montaña picuda.

Entre estos amigos no estaba Germán, pero sí su hermana Josefa, la cual es una adicta de leer la página web: BuenoBonitoyGratis.com . Ella es la que me preguntó, en el aeropuerto de Malpensa, sobre qué pasó cuando entré por el puente Milvio en mi viaje de juventud por Italia con destino Roma.
Mira Josefa, quisiera  remontarme a lo que en su día, nos explicaba en el Seminario de Moncada el profesor don Salvador Pallarés. Lo hacía este profesor, con gran emoción, y narraba, como Majencio, que gobierna como Emperador en Roma en medio de un incesante clima de guerras civiles, debe afrontar la invasión de Constantino. A pesar de que la mejor estrategia es atrincherarse en Roma, debido a que Constantino debe tomar la ciudad y capturar a Majencio si quiere ser reconocido como único Emperador, la soberbia puede más, y el mismo Majencio que otras veces ha resistido asediado en Roma, ahora decide dar la pelea fuera de la ciudad. De esta manera se atrinchera sobre el Puente Milvio, que cruza el río Tíber, y espera a Constantino. Sucede lo que tenia que suceder. Algunos dicen que Majencio era un mediocre general, que se ve enfrentado a uno bueno.

La batalla no sólo pasará a la Historia como la que ha puesto término a las guerras civiles posteriores a la renuncia de Diocleciano, sino que además ha permitido entronizar el Cristianismo. Los historiadores cristianos, transmitirán a la posteridad la leyenda de que Dios mismo se le ha aparecido, y Constantino pudo ganar la batalla, cuando tuvo la visión de la Cruz de Cristo, y pudo escuchar: “Con este signo vencerás”,  volviendo la superioridad numérica de Majencio en su contra, comprimiendo a las tropas enemigas sobre el puente e impidiéndoles maniobrar. Majencio cae al río y se ahoga.

Cargado con mi mochila y emocionado, me encaminé hacia el Colegio Mayor de Montserrat, residencia ésta de los colegiales sacerdotes, que estudiaban en Roma. Allí me recibió el bien recordado D. Salvador Agulles, que tras enseñarle la carta de presentación de mi amigo canónigo Juan, me dirigió los pasos a una residencia sacerdotal donde también había sacerdotes valencianos y de otras diócesis.
¡¡¡Ya estaba en Roma y…!!! Roma es el centro de la catolicidad, pero para mí, como estudiante de Bellas Artes en San Carlos de Valencia, Roma era la ciudad eterna, un GRAN MUSEO.  Entrar por la vía de la Reconciliación desde la orilla de Tiber, y ver la majestuosidad de la basílica vaticana, me hizo pequeño, y a medida que caminaba hacia la tumba de San Pedro, el corazón se me aceleraba. ¡Estaba llegando al objetivo de mi aventura! Pero yo me hice la gran pregunta a los veintiún años. ¿Estaba llegando al objetivo y final de mi aventura, o,  ¿al principio de mi nueva forma de ver la vida?
Fui a paso rápido y no me di cuenta de la maravillosa plaza de la columnata de Bernini de San Pedro, luego la pude contemplar, pues mis pasos entraron en la gran basílica. Lo primero que me lleno de gozo fue contemplar a la derecha del templo “La Piedad de Miguel Angel”. Ya no era contemplar litografías o modelos de escayola en el aula del escultor Octavio Vicent. ¡¡¡Estaba allí!!! No sé el tiempo que tardé contemplando a María y al Jesús.
Describir esta maravilla no es sencillo: me encontraba ante una representación de la Piedad, el momento en que María sostiene sobre sí misma el cadáver de su hijo Jesús, recién bajado de la cruz. Sin embargo, a partir de aquí todo se complica por la alta calidad de la obra escultórica, prácticamente a tamaño natural.

Pude contemplar, el acabado perfecto que contrasta con el non finito, que Miguel Ángel adoptará en otras obras posteriores. Ver el contraste de los pliegues de la vestimenta de María y los del santo sudario, con la desnudez casi absoluta del cuerpo de Jesús. A partir de ello pude ver el trabajo de esos pliegues y el interés por la anatomía humana y constatar el más puro clasicismo. Toda la escultura está realizada sobre un único bloque de mármol blanco de Carrara.

Quiero destacar dos detalles que, todavía hoy me impresionan: de un lado, una madre tiene entre sus brazos a su hijo que acaba de morir. Sin embargo, el dolor no acompaña a esa madre y tampoco está presente en los rasgos del rostro de ese hijo, que ha muerto víctima de crueles tormentos. No quiere Miguel Ángel que ese tipo de sentimientos venga a descomponer el ambiente clasicista de su Piedad. De forma que encontramos en ambos rostros una cierta idealización, muy al gusto de los ambientes renacentistas interesados en las ideas neoplatónicas. En cualquier caso, si en María existe el dolor, hemos de buscarlo en su corazón, que la fría piedra no nos permite ver. En Cristo, Dios a fin de cuentas, el dolor puede excusarse.

Por otro lado, el pecho de María aparece cruzado en diagonal por una cinta en la que puede leerse con facilidad de abajo hacia arriba esta leyenda: "Miguel Ángel Buonarroti florentino, me hizo". No hay más obras de Miguel Ángel que él haya firmado. Cuando lo contrataron para hacer esta escultura el  tenía poco más de veintitrés años. Algo más de un año después, el joven escultor, quizás se sentó un momento para contemplar lo que había realizado. Algunos dicen que La Piedad era  un encargo, de un cardenal de la curia, pero que no le gustó la escultura, porque le faltaba dramatismo. Este fue el gran acierto. Miguel Ángel, un muchacho aún, que eludió toda referencia al dramatismo innecesario y que le ha dado la mayor gloria de su arte. Creo que debió sentirse en extremo orgulloso de lo que sus manos habían sido capaces de esculpir. Sus manos y su cerebro. Por eso debió firmarla.

Como ves, Josefa, todavía me queda mucho más que decir. Muchas cosas pasaron en mi estancia y regreso a casa, pero esto será para otro día. Dale recuerdos a Germán cuando llegues a casa, y te recomiendo que leas los artículos del Blog “ Sin anestesia
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Pequeños (grandes) recuerdos (VIII)


Mira Germán, yo quería ser cura, y de pueblo, pero, "el hombre propone y Dios dispone". Tal es así que al entrar en el Vaticano, nunca tuve en la cabeza ser otra cosa, y luego, mi vida vino a realizarse como quiso el Obispo, pero esto es otro tema.

Hoy quiero recordar que al entrar en el Vaticano, como nueva experiencia en el recorrido de auto-stop por Italia, y tras ver la Piedad de Miguel Angel, que ya comenté en mi anterior "Recuerdos" me impresionó las grandes gradas que estaban a los laterales, con los asientos para todos los obispos del mundo, pues celebraban el Concilio Vaticano II, y las columnas con los grandes santos de las Ordenes Religiosas. Todo estaba preparado para que, al finalizar el verano, el 8 de diciembre, se diera el broche final al Concilio Vaticano II.

El primer Papa que yo conocí en la infancia fue Pío XII. Siempre lo veía muy serio, erguido y con la figura mayestática, dando la bendición. A la muerte de este gran Papa —criticado injustamente por personas falsamente informadas, y que actualmente el mundo judío reconoce su gran labor humanitaria en la Segunda Guerra Mundial— algunos  cardenales no sabían a quién elegir, pues los momentos eran difíciles. Así que después de muchas elecciones fallidas eligieron un cardenal entrado en años. Sus deseos eran que ayudara a la transición y que no diera muchos problemas. Eligieron al cardenal Roncalli, patriarca de Venecia, el cual se puso el nombre  de Juan XXIII, y mira por donde que el cardenal Roncalli lo primero que pensó fue animar a la Iglesia Universal a potenciar el ecumenismo, e invocar la creación de un Concilio Ecuménico. ¡Qué revolución!

Pero antes quiero recordar la visita que yo hice a la tumba de Juan XXIII. Era tanta la gente que quería rezar ante él, que la cola era de esperar con paciencia. Siempre lo recordaremos como el sacerdote de pueblo, que hubo de abandonar todo, para hacer el servicio militar; una experiencia que, a juzgar por sus escritos, no fue de su agrado, pero que le enseñó a convivir con hombres muy distintos de los que conocía, y fue el punto de partida de algunos de sus pensamientos más profundos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Roncalli se mantuvo firme en su puesto de delegado apostólico, realizando innumerables viajes desde Atenas y Estambul, llevando palabras de consuelo a las víctimas de la contienda y procurando que los estragos producidos por ella fuesen mínimos. Pocos saben que si Atenas no fue bombardeada y todo su fabuloso legado artístico y cultural destruido, ello se debe a éste en apariencia insignificante cura, amable y abierto, a quien no parecían interesar mayormente tales cosas.

Una vez finalizadas las hostilidades, fue nombrado nuncio en París por el papa Pío XII. Se trataba de una misión delicada, pues era preciso afrontar problemas tan espinosos como el derivado del colaboracionismo entre la jerarquía católica francesa y los regímenes pronazis durante la guerra. Empleando como armas un tacto admirable y una voluntad conciliadora a prueba de desaliento, Roncalli logró superar las dificultades y consolidar firmes lazos de amistad con una clase política recelosa y esquiva.

Ya en la Catedra de San Pedro, su propósito pronto fue claro para todos: poner al día la Iglesia, adecuar su mensaje a los tiempos modernos enmendando pasados yerros y afrontando los nuevos problemas humanos, económicos y sociales. Para conseguirlo, Juan XXIII dotó a la comunidad cristiana de dos herramientas extraordinarias: las encíclicas Mater et Magistra y Pacem in terris.

Con toda su sonrisa y su conocimiento de la situación mundial, tuvo que luchar con la Curia Vaticana, y el Concilio comenzó. A su muerte y sin dar fin al Concilio, la pregunta era clara. ¿El próximo Papa continuaría con el Concilio? Decirte amigo German, que en este Concilio, Joseph Ratzinger, el actual Papa Benedicto XVI, fue perito del Vaticano II como asesor del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.

Quiso Dios que le sucediera en la Silla de Pedro, otro gran hombre que había sido secretario de Pío XII, el Cardenal Montini, con el nombre de Pablo VI.

Pablo VI  fue el primer Papa que yo pude  aplaudir en una audiencia en la sala superior, encima del pórtico de entrada, desde donde, de una de sus ventanas centrales el Papa sale a saludar y bendecir al pueblo después de ser elegido, o en otro momento dar la felicitación de la Navidad.

Yo estaba a rebosar, y la emoción a flor de piel. Cuando pasó por delante sentado en la silla gestatoria y me dío su bendición, fue un instante de gloria. ¡YO ESTABA ALLÍ!

Gracias a Pablo VI el Concilio había proseguido, y ese mismo año de mi visita, el 8 de Diciembre de 1965 el Papa clausuraba el Concilio Vaticano II. Ese día, los seminaristas de vocaciones tardías que estábamos en el seminario de Umbrete, cerca de Sevilla, me preguntaban sobre mi experiencia y viaje a Roma, y la verdad es que me sentía "como muy importante". ¡Cosas de juventud!

Tras la emoción de ver al Papa, fui a contemplar el baldaquino de Bernini, la cúpula de Miguel Angel, los cuadros mosaicos de la Basílica..., y una de las cosas que mas me impactaron fueron  los "amorcillos" o angelitos que hay en la entrada, que son las pilas de agua bendita, que de momento se ven pequeños pero que a medida que te acercas a  ellos, constatas que son mas grandes que uno mismo, y es que las proporciones de la obras de arte dentro del Vaticano, son inmensas.

La escultura de San Pedro sentado en su sede, esta a la derecha en la nave central. Su pie izquierdo casi ha desaparecido de tantas rozaduras de las manos de los fieles y peregrinos que se acercan a él, y son tantas las cosas que se pueden ver y disfrutar dentro de la basílica, desde una visión de fe o de arte, que estas letras parecerían una guía turística.

Germán otro día te contaré y recordaré mi visita, junto con Francisco, un sacerdote de Toledo, que unos días antes había llegado a Roma, para estudiar su licenciatura y que dormíamos en la misma residencia. Él como yo estábamos entusiasmados por conocer la Ciudad Eterna. Con él visite el Museo Vaticano, la Capilla Sixtina, y varias iglesias de la Gran Roma. Eso será como ya te he dicho, para otro día.

 

Pequeños (grandes) recuerdos (IX)


Después de venir de vacaciones, por las tierras de Rumania, donde pude contemplar, entre otras cosas, las iglesias ortodoxas y el Cementerio Alegre, mi amigo Germán estaba impaciente en saber, qué me había pasado en mi visita a la Roma creyente y a la Roma pagana.

Como ya le dije a mi amigo, la visita la hice junto a un sacerdote toledano de nombre Francisco, el cual ya era licenciado en teología, y ahora estaba en Roma para hacer la licenciatura en Arquitectura, escultura, pintura y arte religioso. La verdad es que al enterarse que yo estaba para empezar el último curso de Bellas Artes, vio en mí un colega joven para tener ratos de diálogo. También es verdad, que el que salió favorecido por este encuentro fui yo. Luego se alegro mucho más, cuando le dije que me iba al seminario.

La visita al Museo Vaticano era mi gran ilusión, pero para mí fue una novedad enterarme, del gran descubrimiento que se había realizado no hacía muchos años en relación a las tumbas vaticanas.

En 1939, a la muerte de Pio XI, lo quisieron enterrar en en el subsuelo de las grutas vaticanas. Los obreros, a la preparación de la cimentación de la tumba, vieron que había un hueco impresionante, y el tejado de una pequeña casa. Informaron y se cerró el hueco.

Fue Pio XII, su sucesor, quien dio orden de trabajar, cuidadosamente las excavaciones por debajo de la gran sacristía, y se descubrió una gran necrópolis romana, con tumbas paganas y cristianas. Ya en 1953 fue hallada una epígrafe del siglo II d.C. que parece atestiguar de modo incontestable, la presencia en este lugar del Sepulcro de San Pedro. El Papa Pío XII, en el radiomensaje de Navidad de 1950, afirmó: “Hemos encontrado la tumba de San Pedro”, y el Papa Pablo VI mandó que los restos del Apóstol permaneciesen en el mismo lugar donde habían estado durante siglos a la veneración de los fieles.

¿Cuestión de fe? Seguramente, pero independientemente de si uno es creyente o no, este descubrimiento, ha aportado mucho para la historia de nuestro tiempo.

En aquellos años no pudimos ver las zonas excavadas, pero quiero decirte que en 1998, a los 25 años de ser sacerdotes, fuimos a celebrarlo a Roma, y con la ayuda del sacerdote Vicente Juan, actual obispo de Ibiza, nos facilitó la posibilidad a los condiscípulos, de una audiencia con el Papa Juan Pablo II, visitamos los descubrimientos de las excavaciones y es más, un amigo suyo nos enseño, las estancias vaticanas y la Capilla Sixtina.

Pero me remonto a aquel año, que por primera vez, y junto con Francisco pude deleitarme con el Museo Vaticano. Desde la epoca de Egipto y sus momias, la bizantina, los primitivos italianos, posteriormente Giotto, Fray Angélico, Rafael, Leonardo, Miguel Angel... y de estos del cuatrocientos. a nuestra actualidad, a nuestro siglo. ¡¡¡Que borrachera de arte!!!

Y cuando el recorrido del museo ya llego a su término, la salida era por un pasadizo que nos llevaba hacia la Capilla Sixtina. Cuando pude contemplar con tranquilidad la grandiosa composición realizada por Miguel Ángel y ver, con mi poco saber bíblico, que todo se concentraba en torno a la figura dominante del Cristo, representado en el instante que precede a la emisión del veredicto del Juicio Final.

Impresionante su gesto, imperioso y sereno, parece al mismo tiempo llamar la atención y aplacar la agitación circundante: esto da el inicio a un amplio y lento movimiento rotatorio en el que se ven involucradas todas las figuras. Quedan fuera de éste los grupos de ángeles que llevan en vuelo los símbolos de la Pasión (a la izquierda, la Cruz, los dados y la corona de espinas; a la derecha, la columna de la Flagelación, la escalera y la lanza con la esponja bañada de vinagre).

Al lado de Cristo se halla la Virgen, que tuerce la cabeza en un gesto de resignación: en efecto, ella ya no puede intervenir en la decisión, sino sólo esperar el resultado del Juicio. Incluso los Santos y los Elegidos, colocados alrededor de las dos figuras de la Madre y del Hijo, esperan con ansiedad el veredicto. Algunos de ellos se pueden reconocer con facilidad: San Pedro con las dos llaves, San Lorenzo con la parrilla, San Bartolomé con su propia piel en la que se suele identificar el autorretrato de Miguel Ángel, Santa Catalina de Alejandría con la rueda dentada, San Sebastián de rodillas con las flechas en la mano.

En la faja de abajo, en el centro, los ángeles del Apocalipsis despiertan a los muertos al son de las largas trompetas; a la izquierda, los resucitados que suben hacia el cielo recomponen sus cuerpos (resurrección de la carne); a la derecha, ángeles y demonios compiten para precipitar a los condenados en el infierno. Por último, abajo, Caronte a golpes de remo, junto con los demonios, hace bajar a los condenados de su barca para conducirlos ante el juez infernal Minos, con el cuerpo envuelto por los anillos de la serpiente. En esta parte es evidente la referencia al Infierno de la Divina Comedia de Dante Alighieri.

Junto con los elogios, el Juicio suscitó entre sus contemporáneos reacciones violentas, como por ejemplo la del Maestro de Ceremonias Biagio da Cesena, quien dijo que "era cosa muy deshonesta en un lugar tan honorable haber realizado tantos desnudos que deshonestamente muestran sus vergüenzas y que no era obra de Capilla del Papa, sino de termas y hosterías" .

Las polémicas, que prosiguieron por años, hicieron que la Congregación del Concilio de Trento en 1564 tomase la decisión de hacer cubrir algunas de las figuras del Juicio consideradas "obscenas". El encargo de pintar drapeados de cobertura, las llamadas "bragas" fue dada a Daniel de Volterra desde entonces conocido como el "braghettone" (Pone-Bragas). Las "bragas" de Daniel fueron sólo las primeras, en efecto, otras se añadieron en los siglos sucesivos.

Pero quiero terminar, amigo Germán, con unas palabras de este que fue un gran Papa:
"Si frente al Juicio Universal quedamos deslumbrados por el esplendor y susto, admirando por una parte los cuerpos glorificados y por la otra aquellos sometidos a la condena eterna, comprendemos también que toda la visión está profundamente impregnada de una sola luz y una sola lógica artística: la luz y la lógica de la fe que la Iglesia proclama al confesar: Creo en un solo Dios... creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles" (de la Homilía pronunciada por el Santo Padre Juan Pablo II el 8 de abril de 1994).

Pequeños (grandes) recuerdos (X)


Roma es mucha Roma, quizás es por eso que la gente dice que “todos los caminos llegan a Roma”. Esta tarde, que ha caído un gran chaparrón de agua sobre Valencia, le decía a mi amigo Germán, si sabía algo sobre las fuentes de Roma.

Los pocos  días que me quedaban en la Ciudad Eterna, los quise aprovechar al máximo, pues son muchas las maravillas que encierra, la Roma pagana y cristiana.

En una de las comidas en la residencia me ponía en antecedentes sobre la Fontana de Trevi, un colegial que estudiaba en Pontificia Universidad San Tommaso. Era algo que yo no sabía, pero que son muchos los romanos que ignoran. El origen de esta preciosa fuente.

La fuente está situada en el cruce de tres calles (tre vie), es la mayor (con 26 m de alto y 20 de ancho) y más ambiciosa de las fuentes barrocas de Roma (Italia),  marcando el punto final del Aqua Virgo (en italiano Acqua Vergine), uno de los antiguos acueductos que suministraban agua a Roma. En el 19 a. C., supuestamente con la ayuda de una virgen, los técnicos romanos localizaron una fuente de agua pura a sólo 22 km. de la ciudad (escena representada en la actual fachada de la fuente). Esta Aqua Virgo corría por el acueducto más corto de Roma directamente hasta los Baños de Agripa y fue usada durante más de cuatrocientos años. El golpe de gracia a la vida urbana de la Roma clásica tardía fue la rotura de los acueductos por parte de los asediadores godos. Los romanos medievales quedaron reducidos a sacar agua de pozos contaminados y del río Tíber, que también se usaba como cloaca.                                                                  
La costumbre romana de construir una bella fuente al final de los acueductos que traían agua a la ciudad fue resucitada en el siglo XV, con el Renacimiento. En 1453, el papa Nicolás V terminó de reparar el acueducto Aqua Virgo y construyó una simple pila, diseñada por el arquitecto humanista Leon Battista Alberti, para anunciar la llegada del agua.

En 1625 el papa Urbano VIII, encontrando la fuente anterior insuficientemente dramática, pidió a Bernini que esbozase posibles renovaciones, pero el proyecto fue abandonado cuando el papa murió. La contribución duradera de Bernini fue cambiar la situación de la fuente al otro lado de la plaza para que quedase frente al Palacio del Quirinal (de forma que el papa también pudiese verla y disfrutarla). Aunque el proyecto de Bernini fue desechado en favor del de Salvi, hay muchos toques del primero en la fuente tal como fue construida. También existe una maqueta anterior llamativa e influyente hecha por Pietro da Cortona.

Los concursos se habían puesto de moda durante el Barroco para rediseñar edificios, fuentes e incluso la Plaza de España. En 1730, el papa Clemente XII organizó un concurso sobre la fuente en el que Nicola Salvi perdió, a pesar de lo cual recibió el encargo. Los trabajos empezaron en 1732 y terminaron en 1762, mucho después de la muerte de Clemente, cuando el Neptuno de Pietro Bracci fue situado en el nicho central. Las estatuas de Abundancia y Salubridad, en los dos nichos laterales fueron esculpidas por Filippo Della Valle.

El telón de fondo de la fuente es el Palacio Poli, al que da una nueva fachada con un orden gigante de pilastras corintias que enlazan las dos plantas. En el centro está sobrepuesto un arco del triunfo robustamente modelado.

El nicho o exedra central enmarcando a Neptuno tiene columnas exentas para mejores luces y sombras. En los nichos flanqueando a Neptuno, Abundancia vierte agua de su urna y Salubridad sostiene una copa de la que bebe una serpiente. Encima, unos bajorrelieves ilustran el origen romano de los acueductos.

Los tritones y caballos proporcionan un equilibrio simétrico, con el máximo contraste en su pose y disposición (para 1730 el Rococó ya había florecido en Francia y Alemania).

Salvi murió en 1751, con su obra a medio terminar, pero antes se aseguró de que la fea firma de un barbero testarudo no estropease el conjunto, escondiéndola tras una vasija esculpida. La Fontana de Trevi fue terminada en 1762 por Giuseppe Pannini, quien sustituyó las suaves alegorías presentes por esculturas planas de Agripa y Trivia, la diosa romana.

Quiero deciros que si algún día vais a Roma no compréis agua embotellada. Bebed de las fuentes, son las más saludables y frescas de toda Italia.

Mi amigo Germán enseguida me ha dicho: ¿Cuándo organizas un viaje a Roma? La respuesta es, que si Dios quiere en junio de 2014.  ¡¡¡A ver si pasa la crisis!!!

 

Pequeños (grandes) recuerdos (y XI)

Poco me queda para contaros sobre mi experiencia de recorrer Italia en auto stop. Fueron veinticuatro días cargado con la mochila, en unos años muy difíciles para nosotros, los españoles.

Cuando mi sobrino nieto Adrián se ha interesado por saber de mis pequeños grandes recuerdos, y le he contado algunas de estas experiencias, le cuesta mucho creérselas.

Los últimos días de estancia en Roma fueron inolvidables. Cuando he regresado, y han sido muchas veces, y visito el Vaticano, o bien me paseo por la orilla del Tiber, o me siento en una trattoria del Trastevere, junto a la Basílica de Santa Cecilia, los recuerdos se agolpan.

No os podéis perder esta experiencia de caminar por este barrio, que nació en el lado derecho del Tìber, justo en frente de la Isla Tiberina, con el desarrollo del Puerto de Roma en época romana. En la actualidad sobreviven muchas de sus antiguas calles, con edificios centenarios y entre estos, algunas iglesias paleocristianas, como Santa Cecilia, que todavía conserva restos de la casa de la Santa y en el coro de las monjas los raros frescos de P. Cavallini, San Crisogono, San Callisto y de regreso al centro de la ciudad, podemos hacer una parada para ver la celebre Santa María de Transtevere con sus mosaicos.

Deciros que, por más de mil años, Santa Cecilia ha sido muy venerada en la Iglesia Católica. Una tradición muy antigua dice que pertenecía a una de las principales familias de Roma, que acostumbraba vestir una túnica de tela muy áspera y que había consagrado a Dios su virginidad.

Sus padres la comprometieron en matrimonio con un joven llamado Valeriano, pero Cecilia le dijo a éste que ella había hecho voto de virginidad y que si él quería ver al ángel de Dios debía hacerse cristiano. Valeriano se hizo instruir por el Papa Urbano y fue bautizado. Luego entre Cecilia y Valeriano convencieron a Tiburcio, el hermano de éste, y lograron que también se hiciera cristiano.

Las historias antiguas dicen que Cecilia veía a su ángel de la guarda. El alcalde de Roma, Almaquio, había prohibido sepultar los cadáveres de los cristianos. Pero Valeriano y Tiburcio se dedicaron a sepultar todos los cadáveres de cristianos que encontraban. Por eso fueron arrestados. Llevados ante el alcalde, éste les pidió que declararan que adoraban a Júpiter. Ellos le dijeron que únicamente adoraban al verdadero Dios del cielo y a su Hijo Jesucristo. Entonces fueron ferozmente azotados y luego les dieron muerte. Los dos santos mártires animaban a los demás cristianos de Roma a sufrir con gusto todos los horrores, con tal de no ser infieles a la santa religión.?

En seguida la policía arrestó a Cecilia y le exigió que renunciara a la religión de Cristo. Ella declaró que prefería la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Entonces fue llevada junto a un horno caliente para tratar de sofocarle con los terribles gases que salían de allí, pero en vez de asfixiarse ella cantaba gozosa (quizás por eso la han nombrado patrona de los músicos). Visto que con este martirio no podían acabar con ella, el cruel Almaquio mandó que le cortaran la cabeza. La santa, antes de morir le pidió al Papa Urbano que convirtiera su hermosa casa en un templo para orar, y así lo hicieron después de su martirio. Antes de morir, había repartido todos sus bienes entre los pobres.

En Roma había ya en el año 545 un templo dedicado a esta gran Santa. En 1599 permitieron al escultor Maderna ver el cuerpo incorrupto de la santa y él fabricó una estatua en mármol de ella, muy hermosa, la cual se conserva en la iglesia de Santa Cecilia en Roma. Está acostada de lado y parece que habla pues viendo los dedos de sus manos nos dice que cree en un solo Dios y tres personas

Quién podía pensar en 1965 que, transcurridos unos años, yo volvería a estar junto al sepulcro de Santa Cecilia, siendo sacerdote y párroco de la iglesia que lleva su nombre en Valencia. Es por eso que quiero terminar este recorrido del viaje, recordando a Santa Cecilia, y hacer presente el agradecimiento a tantos que me ayudaron en este descubrir en mi vida tantas emociones.

El regreso a Valencia, comenzó en tren desde Roma a San Sebastian. Tenía un billete de tren que duraba treinta días, por lo que en el recorrido visite Pisa. Luego en la zona francesa bajé en Lourdes y tras dos días en la ciudad de Bernadette Soubirous, y haciendo noche en la Ciudad Socorro, llegué a San Sebastian. ¿Cómo llegar a Valencia? Me fui al Mercado General, y busque un camión Pegaso, con matricula de Valencia y tras hablar con Jaime, el conductor, y creerse mis aventuras, vi como descargaban la fruta que llevaba, luego fuimos a una fabrica de papel a cargar el camión con unos grandes rollos de papel, que tenia que llevar para la rotativa del periódico de Las Provincias.

En este momento que escribo este final, me llena de emoción el recuerdo de aquel momento al llenarnos de abrazos mis padres, hermano y yo...

Este Blog tiene la intención de comunicaros mis experiencias pasadas, presentes y mis propias reflexiones.

 

CREACIÓN DEL HOMBRE

AMOR A DIOS

Los Museos Vaticanos

1 de Mayo 2020

Como bien sabéis antes de entrar en el seminario, mis estudios fueron de Bellas Artes en la Academia de San Carlos, y estos días de pandemia me ha venido a la mente estas letras que os escribo

A todos nosotros nos llena de satisfacción el ver una obra de arte de arquitectura, pintura, música…, y nos llena de gozo el constatar como ahí donde la Iglesia se arraiga, surge y florece el arte en sus varias manifestaciones.

Cuando nos adentramos a la historia, vemos como la Iglesia ha demostrado estar dotada de un fabuloso poder de encarnación. Así en todo momento ha estado abierta al mundo en que se encuentra y se realiza, y nunca ha vuelto la espalda a la problemática de las generaciones.

La Iglesia accede a los valores humanos de cada tiempo, se abre hacia las cosas todas, por el camino de lo mistérico. No precisamente por interés cultural, ni mucho menos por imposiciones de una moda. Su actitud es una actitud de encarnación. La Iglesia atrae hacia sí, y eleva a un orden absolutamente inasequible a la estricta posibilidad humana, la realidad toda del mundo del hombre. Cristo confía a la Iglesia esta tarea de trascendencia.

El hombre entero, es en el orden de las posibilidades futuras, queda puesto en trance de sobrenaturalidad. Y el arte también. Y no solamente el arte que el hombre ha hecho, sino el arte que el hombre está haciendo y hará en el futuro.

Por esta razón la Iglesia a lo largo de la historia convoca al arte. Por el arte el ser humano puede acercarse a Dios y ser redimido. Lo perfecto de una obra cualquiera del hombre siempre ha de verse en relación con las posibilidades históricas del momento en que la obra se produce.

El arte es en cierta manera, la propia manera de su vinculación a las cosas del espíritu, un detector de los estratos espirituales alcanzados por el hombre.

La Iglesia ha estado siempre atenta a los descubrimientos del arte, y la ha convocado al servicio de la obra redentora, y hacernos ver que también la voz de lo nuevo queda asumida dentro de su tarea evangelizadora.

Muestra de todo esto lo podemos ver en el Museo Vaticano.

En el pasado mes de Abril, los Museos Vaticanos nos han dado una grata alegría, pues al celebrar el quinto centenario de la muerte del Gran Rafael, el 6 de abril de1520, han trasladado de las salas del museo, los tapices del genio de Urbino a la Capilla Sixtina.

Y a raíz de esto, recuerdo, que el Papa Benedicto XVI, en el año 2006 se reunió con los empleados de los Museos Vaticanos, con memorando el quinto centenario de su fundación.

El Papa quiso destacar, como a través del arte y de los comportamientos de las personas al servicio del arte, también se puede evangelizar.

Hay que destacar que el año 2006 se contaron más de 3.800.000 personas los que visitaron el museo y en el 2018 se han superado los 4 millones.

Muchas veces he visitado el museo y la pregunta de quienes visitan el museo, el santo padre les dijo: “Son una representación muy heterogénea de la humanidad. Muchos de ellos no son católicos; otros muchos no son cristianos y tal vez tampoco creyentes. Buena parte de ellos va también a la basílica de San Pedro, pero del Vaticano bastantes personas sólo visitan los Museos. .
Todo ello impulsa a reflexionar sobre la extraordinaria responsabilidad que tiene esta institución desde el punto de vista del mensaje cristiano. Viene a la mente la inscripción que el Papa Benedicto XIV, a mediados del siglo XVIII, mandó grabar en el frontispicio del así llamado Museo cristiano, para explicar su finalidad: "Ad augendum Urbis splendorem et asserendam Religionis veritatem", "Para aumentar el esplendor de Roma y afirmar la verdad de la Religión cristiana".

Los Museos Vaticanos nos dan un recorrido del arte a lo largo de la historia y podemos “sumergirnos” a través de la “teología de las imágenes”. El Papa dijo: " La gran civilización clásica y la civilización judeocristiana no se contraponen, sino que convergen en el único plan de Dios. Lo demuestra el hecho de que el origen remoto de esta institución se remonta a una obra que con razón podríamos definir "profana" —el magnífico grupo escultórico del Laocoonte—, pero que, en realidad, insertada en el contexto vaticano, adquiere su plena y más auténtica luz.
Es la luz de la criatura humana modelada por Dios, de la libertad en el drama de su redención, situada entre la tierra y el cielo, entre la carne y el espíritu. Es la luz de una belleza que se irradia desde el interior de la obra artística y lleva al espíritu a abrirse a lo sublime, donde el Creador se encuentra con la criatura hecha a su imagen y semejanza.

La síntesis entre Evangelio y cultura se presenta de forma muy explícita en algunos sectores y casi "materializada" en algunas obras: pienso en los sarcófagos del museo Pío-cristiano, o en las tumbas de la necrópolis de la vía Triunfale, que ha duplicado el área del museo, o en la excepcional colección etnológica de procedencia misionera.
Realmente el Museo muestra un entrelazamiento continuo entre cristianismo y cultura, entre arte y fe, entre lo divino y lo humano. La capilla Sixtina constituye, al respecto, una cima insuperable .

Al terminar esta reflexión, mi mente hace escala en el presbiterio de nuestra Catedral, y me alegra la aquella decisión tomada, de dejar a la vista de todos, la gran belleza de los ángeles del Renacimiento.

Siempre, siempre… el artista de arte sacro trabaja en el ámbito de la comunión: co-creador con el Padre, enviado con el Hijo, temblor, viento, fuego con el Espíritu.

Gratos recuerdos en estos momentos del encierro a consecuencia del coronavirus traido de China, el cual nos llena de tristeza.

 

 

DESEOS DE PAZ EN SIRIA


No hay día, que deje de pensar sobre los problemas del pueblo sirio. Esas "primaveras árabes" nos han dado a conocer experiencias positivas para unos, pero la gran tragedia es que el pueblo siempre sale perdiendo en los enfrentamientos armados.

¡Que días aquellos en que un grupo de amigos realizamos un viaje por Siria, visitando Damasco, Alepo, Hama, Homs y, entre otras, la famosa Palmira!

Recuerdo que en Damasco al entrar en la gran y más preciosa de las mezquitas —llamada de los Omeya— nos sorprendió ver la tumba de San Juan Bautista, donde se conserva su cabeza. ¿Cómo es posible que un personaje como San Juan Bautista, esté venerado y reconocido dentro de una mezquita?

La mezquita está situada en la ciudad vieja de Damasco, y después de la conquista árabe, fue construida por el califa omeya Walid I en el año 705, sobre la catedral bizantina, dedicada a Juan el Bautista desde la época del emperador romano Constantino I.

¡¡¡Os cuento!!!

En un viaje a Estambul, la antigua Constantinopla, entramos en la calle peatonal de Taksim, en la iglesia católica de San Francisco. Al entrar vi con sorpresa que algunas chicas musulmanas estaban depositando la ofrenda de unas velas a San Antonio. ¿Por qué? Razón bien sencilla, pues la tradición dice, que San Antonio es intercesor para conseguir un buen novio y luego casarse. ¿Pero por qué unas chicas musulmanas estaban en esta iglesia católica?

Los musulmanes creen que Jesús es un profeta de Israel y que Mahoma así lo entendió cuando el ángel Gabriel se lo revelo. Si Jesús es profeta, y reconocido por Mahoma, resulta que San Antonio es un amigo del profeta, y al ser un santo tiene influencia y puede interceder.

Algunas citas del Corán:

A Jesús le envió Alá, que lo apoyó con el Espíritu Santo, para comunicar al mundo la voluntad de Alá  (2, 87; 5. 110-117 *).
Alá le dio al mundo a Jesús, lo exaltó sobre todo otros, y lo apoyó con el Espíritu Santo como la prueba de su soberanía (2, 253 *)
Alá causó el nacimiento milagroso de Juan el Bautista (su padre Zacarías  anciano y su madre estéril para que Juan pudiera ser el mensajero para anunciar a Jesús como el Mesías (3, 33-41 *).
Alá eligió a María  para ser la madre virgen de Jesús, el Mesías (3, 42-45; 19, 12-22; 21, 90 *).
Volvamos a San Juan Bautista.

El evangelio de San Marcos nos narra de la siguiente manera la muerte de San Juan Bautista:

Herodes había mandado poner preso a Juan Bautista, por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipos. Porque Juan le decía a Herodes: “No le está permitido irse a vivir con la mujer de su hermano”. Herodías le tenía un gran odio por esto a Juan Bautista y quería hacerlo matar, pero no podía porque Herodes le tenía un profundo respeto a Juan y lo consideraba un hombre santo, y lo protegía y al oírlo hablar se quedaba pensativo y temeroso, y lo escuchaba con gusto.
Pero llegó el día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños dio un gran banquete a todos los principales de la ciudad. Entró a la fiesta la hija de Herodías y bailó, el baile le gustó mucho a Herodes, y le prometió con juramento: "Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino".
La muchacha fue donde su madre y le preguntó: "¿Qué debo pedir?". Ella dijo: "Pide la cabeza de Juan Bautista". Ella entró corriendo a donde estaba el rey y le dijo: "Quiero que ahora mismo me des en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista".
El rey se llenó de tristeza, pero para no contrariar a la muchacha y porque se imaginaba que debía cumplir ese vano juramento, mandó a uno de su guardia a que fuera a la cárcel y le trajera la cabeza de Juan. El otro fue a la prisión, le cortó la cabeza y la trajo en una bandeja y se la dio a la muchacha y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse los discípulos de Juan vinieron y le dieron sepultura
(S. Marcos 6,17).
El cristianismo a partir de la Resurrección de Jesús  se extendió por la cuenca del Mediterráneo y llega a Siria gracias a la evangelización de la comunidad regentada por Ananías y posteriormente animada por la predicación de San Pablo, y la tradición manifiesta que la cabeza de Juan fue llevada posteriormente por los Esenios a Damasco.

Son momentos difíciles para Siria, y es nuestro fuerte deseo que reine la sensatez y nos queda la esperanza, que llegará en su momento la tan deseada paz.

23 Marzo 2020

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SACERDOCIO Y EUCARISTÍA: ¡QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR!


Así son las cosas de Dios.

En estos mommentos que estamos sufriendo la pandemia del Coronavirus y que estoy celebrando la Eucaristía en solitario en la capilla del santisimo me viene a la memoria lo siguiente:

Hace varios años que un, amigo muy apreciado, que ya en su día invité a que escuchara la llamada de Dios, y después de meditar su incorporación al sacerdocio aceptó. Qué alegría para su familia y la Comunidad Parroquial. Fue un gran acontecimiento. Es una buenísima persona, trabajador y buen sacerdote, pero…

Por otro lado, amigo Germán  estába muy contento al saber que un joven iba a entrar en el Seminario Mayor. Tengo que decir que este joven había sido, hasta ese momento, participante del Centro Juniors Santa Cecilia, pero las circustancias no hicierón fructificar en esta vocación.

A raíz de estos acontecimientos, he buscado algunas palabras del bien querido Benedicto XVI y he encontrado unas que en su día reflexioné.

“El sacerdocio del Nuevo Testamento está estrechamente ligado a la Eucaristía, por eso estamos invitados a meditar sobre la relación entre la Eucaristía y el sacerdocio de Cristo”.

“Tenemos que despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro «sí». Junto con la Iglesia, hemos querido destacar de nuevo que tenemos que pedir a Dios esta vocación. Pedimos trabajadores para la mies de Dios, y esta plegaria a Dios es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de jóvenes que se consideren capaces de eso mismo para lo que Dios los cree capaces”. (Misa de clausura del Año Sacerdotal)

Ya en su día fue Juan Pablo II, el cual no dejaba de sorprendernos, nos decía que acentuáramos la dimensión eucarística en nuestro hacer pastoral, en nuestras comunidades cristianas; nos animaba a profundizar en el conocimiento del misterio de la salvación en Cristo Jesús

Los sacerdotes tenemos que tener muy claro que Cristo enviado por el Padre realiza su plan de salvación, y comienza su misión como evangelizador, que llama y convoca a la conversión al reino, a los valores del reino, a la presencia del reino que es Él mismo.

El reino de Dios ocupa en la predicación de Jesús el primer puesto; es aquello que Él quiere confirmar con sus obras y milagros, y constituye el objetivo central de la misión de los apóstoles. “Todos los aspectos de su misterio —la misma encarnación de Jesús, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia entre los suyos—forman parte de su actividad evangelizadora... Jesús mismo, evangelio de Dios, ha sido el primer y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena” (Pablo VI, Evangelii nuntiandi 6-7).

La esencia del evangelio es Cristo crucificado y resucitado. Él envió a los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, no solo a anunciar su misterio salvador, sino también a ejercitar la obra de la salvación que proclamaban mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica.

Si todos los sacramentos son evangelizadores, la eucaristía es el sacramento central de la evangelización. El mismo evangelio destaca su carácter culminante, como lo demuestran su centralidad pascual: conversión, comunión, caridad, reconciliación, fe pascual, amor fraterno, esperanza eterna...

La eucaristía es también centro de la evangelización, porque es el centro de la Iglesia y de toda la vida cristiana, pues siendo la presencia viva de Cristo en el corazón de la misma Iglesia, es también centro en el que se condensan y articulan, hacia el que tienden y del que proceden, donde se manifiestan y realizan todas las dimensiones y funciones de la misión que la Iglesia ha recibido de Cristo, y que ésta procura cumplir en su vida.

Yo estoy convencido que el proceso de maduración  que estamos teniendo sobre la eucaristía, tanto en su práctica como en su teología,  esta siendo una experiencia vivida gozosamente por la Iglesia, animada ciertamente por el Espíritu. La eucaristía, sobre todo la dominical, ha sido y sigue siendo uno de los momentos privilegiados en que los cristianos experimentamos la presencia de Cristo y revive nuestra propia identidad.

No lo dudemos, la eucaristía sigue siendo, también ahora, uno de los mejores momentos de evangelización y de formación permanente para nuestros jóvenes y mayores.

Pido a Dios que pase pronto esta crisis del virus y podamos celebrar la Eucaristía en comunidad el DÍA DEL SEÑOR.

A propósito, un libro que me ha ayudado mucho y os recomiendo: “La Eucaristía” de José Aldazábal, C.P.L.

30 de Marzo 2020

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¡¡¡MIS ESTIMADOS BANCOS!!!

 

Si los primeros cristianos, el grupo de los primeros seguidores de Jesús, viesen cómo funcionamos ahora, se sorprenderían. O, dicho con mayor precisión: se escandalizarían.

Ellos, cuando después de la muerte de Jesús tuvieron la experiencia impactante y trastornadora de su presencia viva, la experiencia de su resurrección, empezaron a reunirse para vivirla, para reflexionarla, para celebrarla. Se reunían cada semana, para recordar las palabras de Jesús, para profundizar en lo que esto significaba para sus vidas, y para repetir el gesto que Jesús había dejado como presencia suya: el gesto del pan y el vino, el don de la Eucaristía.

Algunas veces he sentido la tentación de empezar la homilía diciendo “Mis estimados bancos”, en lugar del tradicional «queridos hermanos", porque los bancos de delante están completamente vacíos mientras los del fondo de la iglesia están bastante llenos.

Y no es que no se haya dicho una y mil veces hasta hacerme pesado. Y los argumentos para agruparse en lugar de desparramarse son bien evidentes: ¿a quién van a ofrecer la paz si no tienen a nadie al lado? ¿Cómo pueden salir bien los cantos y las plegarias en común si cada uno tiene la sensación de estar solo?

En muchas iglesias se ha optado por poner el altar lo más adelante posible, pero ni así: siguen poniéndose cuanto más lejos mejor. ¿Qué hacer?

Muchas veces, aunque la capilla es pequeña y solo caben cincuenta personas, preferimos la celebración en este lugar. Es verdad que los que llegan primero siguen poniéndose detrás pero, fatalmente, los primeros bancos acababan llenándose. Lo que algunos no quieren comprender con argumentos teóricos, acaban aceptándolo con gozo después de una experiencia vivida, aunque para ello sea necesaria una pequeña coacción, pero siempre sin sermones negativos.

Una vez más tenemos que anunciar que los primeros cristianos se reunían alrededor de la mesa, unos junto a otros y cada domingo, semana tras semana. Y lo hacían porque el domingo había sido el día de la resurrección, el día en que habían tenido aquella experiencia que les había transformado: la experiencia de reconocer a Jesús vivo, la experiencia de llevar en su interior el mismo Espíritu de Jesús. Y si alguien les hubiera preguntado por qué hacían esto, por qué se reunían todos juntos, contestaban que era para recordar la palabra de Jesús y repetir su gesto, y seguramente también habrían respondido diciendo que era Jesús mismo quien les había convocado. Hubieran dicho que no podrían ser cristianos si no lo hicieran: la reunión de cada domingo en asamblea, no se la habían inventado ellos mismos, venía de Jesús, y ser seguidor de Jesús implicaba participar cada domingo en este encuentro.

Por eso, si todos esos cristianos de los inicios de la Iglesia vieran cómo funcionamos hoy nosotros, se sorprenderían y se escandalizarían. No comprenderían que nosotros valoremos a veces tan poco la Eucaristía, el encuentro con el Señor en el domingo. No comprenderían que nos digamos cristianos, que sinceramente queramos seguir el camino de Jesús, el camino del Evangelio, y que, en cambio, muchas veces pasemos olímpicamente de reunirnos cada domingo en la eucaristía. Que digamos "voy cuando tengo ganas", como si no supiéramos que es Jesús quien nos convoca a su reunión, a la reunión en la que él nos da su palabra y su pan de vida.

Entonces, ¿qué? ...Pues que cada uno de nosotros tenemos que proponérnoslo seriamente. Los curas y los seglares. Hay que buscar, ciertamente, en tanto que sea posible, una celebración de la eucaristía con la cual cada uno pueda sintonizar, para poder vivirla más intensamente. Pero, sobre todo, hay que saberse convocado por Jesús a su reunión. Y, naturalmente, tener ganas de responder a esta convocatoria.

6 de Abril de 2020

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¡¡¡ Canta Jerusalén !!!

ESTE AÑO NO VALOS A TIERRA SANTA

Cada dos años me gusta, porque lo necesito espiritualmente, realizar una Peregrinación a Tierra Santa, el País de Jesús, con un grupo de feligreses y amigos. Hay alguno que ya ha estado con nosotros varias veces, pues dice que es allí donde realiza su vivencia de fe y revive su quinto evangelio con su cercanía a la tierra y paisaje que piso, y vio El Señor.

Estos días en las lecturas primeras de la Santa Misa escuchamos como el pueblo de Israel, por deseo del Rey Ciro, regresa a su tierra tras vivir las desgracias del exilio por Nabucodonosor. Por fin regresa un grupo de judíos a reconstruir el Templo.

Cuando regreso a Jerusalén viene a mi mente el Salmo 123, un cántico de acción de gracias entonado por toda la comunidad en oración que eleva a Dios la alabanza por el don de la liberación y el regreso a la Tierra Prometida.

Si bien se ha pensado en algún acontecimiento histórico particular, como el final del exilio de Babilonia, es más probable que el Salmo quiera ser un himno para agradecer intensamente al Señor el haber superado los peligros y para implorarle la liberación de todo mal.

“El salmista proclama al inicio esta invitación: «Que lo diga Israel» (v. 1), estimulando a todo el pueblo a elevar una acción de gracias viva y sincera al Dios salvador.

Si el Señor no hubiera estado de parte de las víctimas, éstas, con sus pocas fuerzas, no hubieran sido capaces de liberarse y sus adversarios, como monstruos, los hubieran descuartizado y triturado.

Después de haber mencionado al inicio a unos «hombres» que asaltaban a los fieles y eran capaces de haberlos «tragado vivos» (cf. vv. 2-3), el canto tiene dos pasajes. En la primera parte, dominan las aguas arrolladoras, símbolo para la Biblia del caos devastador, del mal y de la muerte: «Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes» (vv. 4-5). El orante experimenta ahora la sensación de encontrarse en una playa, habiéndose salvado milagrosamente de la furia impetuosa del mar. La vida del hombre está rodeada de emboscadas de los malvados que no sólo atentan contra su existencia, sino que quieren destruir también todos los valores humanos. Sin embargo, el Señor interviene en ayuda del justo y le salva, como canta el Salmo 17: «El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas; me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo… El Señor fue un apoyo para mí; me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba» (vv. 17-20).

En la segunda parte de nuestro canto de acción de gracias se pasa de la imagen marina a una escena de caza, típica de muchos salmos de súplica (cf. Sal 123, 6-8). Evoca una bestia que tiene entre sus fauces a su presa o una trampa de cazadores que captura a un pájaro.

Pero la bendición expresada por el Salmo nos da a entender que el destino de los fieles, que era un destino de muerte, ha cambiado radicalmente gracias a una intervención salvadora: «Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió, y escapamos» (vv. 6-7). La oración se convierte en este momento en un suspiro de alivio que surge de lo profundo del alma: incluso cuando se derrumban todas las esperanzas humanas, puede aparecer la potencia liberadora divina. El Salmo concluye con una profesión de fe, que desde hace siglos ha entrado en la liturgia cristiana como una premisa ideal de toda oración: « Adiutorium nostrum in nomine Domini, qui fecit caelum et terram – Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (v. 8). El Omnipotente se pone en particular de parte de las víctimas y de los perseguidos «que están clamando a él día y noche» y «les hará justicia pronto» (cf. Lc 18, 7-8).” (Tomado de una catequesis de Benedicto XVI )

San Agustín ofrece un comentario articulado a este salmo. En primer lugar, observa que este salmo propiamente lo cantan los «miembros de Cristo, que han alcanzado la felicidad». En particular, «lo han cantado los santos mártires, quienes habiendo salido de este mundo, están con Cristo en la alegría, dispuestos a retomar incorruptos esos mismos cuerpos que antes eran corruptibles.

En su vida, sufrieron tormentos en el cuerpo, pero en la eternidad esos tormentos se transformarán en adornos de justicia ». Pero en un segundo momento el obispo de Hipona nos dice que también nosotros podemos cantar este salmo con esperanza. Declara: «También nosotros estamos animados por una esperanza segura y cantaremos exultando. No son extraños para nosotros los cantores de este Salmo… Por tanto, cantemos todos con un solo corazón: tanto los santos que ya poseen la corona como nosotros, que con el afecto nos unimos a su corona. Juntos deseamos esa vida que aquí abajo no tenemos, pero que nunca podremos tener si antes no la hemos deseado». San Agustín vuelve entonces a la primera perspectiva y explica: «Los santos recuerdan los sufrimientos que afrontaron y desde el lugar de felicidad y de tranquilidad en el que se encuentran miran el camino recorrido; y, dado que hubiera sido difícil alcanzar la liberación si no hubiera intervenido para ayudarlos la mano del Liberador, llenos de alegría, exclaman: “Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte”. Así comienza su canto. No hablan ni siquiera de aquello de lo que se han librado por la alegría de su júbilo» ( Comentario al Salmo 123, «Esposizione sul Salmo 123» , 3: «Nuova Biblioteca Agostiniana», XXVIII, Roma, 1977, p. 65).

De nuevo en el 2021 volveré a Jerusalén (si Dios quiere) y aunque aquí en casa, puedo rezar este Salmo, revive en mí un eco especial cuando se canta junto al Santo Sepulcro.

20 Abril de 2020

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OTROS ESCRITOS ANTIGUOS

UNA CUARESMA ESPECIAL, CON LA "MISIÓN MAGNIFICAT".

Todos sabemos que la Cuaresma nos prepara a la mayor fiesta de nuestra vida cristiana, esto es, el recuerdo y vivencia de la pasión, muerte y Resurrección del Señor.

En casi todas nuestras iglesias, llegado el Adviento, vemos la “corona”, el belén en la Navidad. En Cuaresma , en nuestras iglesias, y en nuestras celebraciones deberíamos hacer presente la Cruz de Jesús.

La Cruz debería ser el signo que concentrase toda la atención durante la Cuaresma. La forma de hacer presente la Cruz dependerá de la disposición de la iglesia.

Pienso en la parroquia donde yo estoy. Hay una gran cruz, con un Cristo precioso en lo alto del presbiterio, pues hay que buscar la forma de hacer presente este signo. ¿Cómo? Haciendo los domingos de cuaresma procesión de entrada presidiendo la cruz, y puesto que en este tiempo no hay flores en el altar, pondremos una planta que adorne y resalte la cruz. Se puede hacer el primer domingo la entrada solemne y los demás, destacar su presencia en la monición de entrada. O no hacer la entrada y resaltarla de otra forma.

Todos sabemos que la intención no es dar un mensaje dolorista de sentimentalismo superficial. La cruz es la memoria de nuestro guía Jesús, muerto por amor, y es una llamada a la fe.

Otro gran signo al inicio de la Cuaresma es el rito de las letanías de los santos. Hay distintas opciones: Cantar o recitarlas todos los domingos al inicio de la eucaristía como acto penitencial y luego pasar a la oración Colecta , o bien, solo el primer domingo de Cuaresma.

Los santos son nuestros modelos en el itinerario de la vida de fe y en la práctica del camino cristiano. Sabemos que con la intercesión de ellos, podemos convertirnos sinceramente al Señor y buscar la fidelidad a su Evangelio

Tanto el signo de la cruz, como el de las letanías la entrada del celebrante es en silencio. Que los fieles vean y escuchen que “algo ha cambiado”.

¡Estamos en Cuaresma! El tiempo que nos prepara para celebrar con el corazón limpio y la vida renovada las fiestas de Pascua

Es este un tiempo litúrgico, para profundizar en los fundamentos de nuestra fe. Nuestra meditación no debe estar dirigida al “sujeto-Iglesia”, entendido como institución, nuestro centro vivencial es hacer realidad el Evangelio de Jesús.

Ya Benedicto XVI, siendo cardenal, y en Sínodo europeo nos dijo: “La Iglesia debe hablar ante todo de Dios. La Iglesia ha de preguntarse si no habla demasiado de sí misma mientras deja en la sombra el anuncio de Dios. El discurso de la Iglesia no ha de ser un anuncio de dogmas y de prescripciones, sino un anuncio del Dios que se nos revela en Jesucristo”.

Esta Cuaresma es una llamada a profundizar el mensaje de Pablo: “Para mí la vida es Cristo”.

Al preparar la Cuaresma, nos será útil verla como un camino de actualización y redescubrimiento en la Buena Nueva de Jesús que es el anuncio del único Dios: el Padre.

Sea esta Cuaresma una apertura de nuestro corazón a la recepción de la “Misión en Valencia. Misión Magnificat en cada una de nuestras comunidades, y así renovemos y vivamos con una entrega y fuerza especial la invitación del Señor Jesús: “Id y anunciad el Evangelio”.

 

 

UNA PASCUA EN CAMINO DE SANTIDAD.

Hoy debo comenzar este comentario con un cordial deseo: que todos tengamos ¡UNA MUY FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Que todos procuremos que esta alegría pascual se manifieste claramente en nuestras vidas. El domingo de Pascua y todos los domingos siguientes –también de Pascua- hasta Pentecostés, y los que estamos más cerca de las celebraciones litúrgicas, que nos llenemos de gozo con la “Octava de Pascua”.

Este año, el frió y la lluvia esta recorriendo toda España, y nos ha dejado en nuestra querida tierra de Valencia un respiro para las procesiones marineras.

¡Estamos locos los cristianos! Las imágenes de los medios nos enseñan las multitudes de gente en nuestras costas. Al salir, encontraremos los bares y los restaurantes llenos y las discotecas colmadas de jóvenes. La gente se agarra a la fruición. Para muchos, nosotros hacemos el efecto de ir tras de quimeras ("lo tomaron por un delirio": evangelio). Pero dentro nos quema una certeza. ¿Sólo dentro, en un rincón secreto, o en todo nuestro actuar? Ahora lo proclamamos con fuerza: diremos "no" a un modo de vivir, a unos valores que son una quimera y conducen a la muerte y diremos "sí" al seguimiento del Resucitado, la gran Verdad , la Vida de verdad.

Jesús es el Viviente por excelencia y nunca lo encontraremos entre los muertos. El cristianismo es un mensaje de vida; más aún: es comunión con el Viviente. Con Jesús de Nazaret, también nosotros apostaremos por la vida y avanzamos hacia la vida, y estamos al lado de todo lo que es vida y luchamos contra todo lo que es muerte: el compromiso bautismal tiene este sentido. ¿Sabremos discernir, en nuestra sociedad, dónde está de verdad, la vida y dónde está la muerte?

Cuando fuimos bautizados, fuimos sumergidos en la muerte-resurrección de Jesucristo, fuimos injertados en el dinamismo vivo de su aventura. Morimos al pecado (lo que llevó a Jesús a la muerte) y resucitamos a la vida que corresponde a sus seguidores. Lo expresamos y lo expresaremos inmediatamente con palabras. Pero el bautismo no es un simple juego de propósitos y decisiones nuestras: es la entrada en el ámbito de Jesucristo, es el primer sacramento de la Iglesia. Simboliza externamente lo que realiza en el fondo de nuestro ser: un misterio de comunión.

Dios nos ha hecho no para el dolor y la tristeza, sino para la felicidad y la alegría.

Un año más la Pascua nos recuerda que Dios tiene siempre la última palabra, y Dios es la vida, el amor, la felicidad y la alegría sin límites. La Resurrección de Jesús es la respuesta de Dios a los problemas de los hombres, llamados a ser sus hijos y a participar de la bienaventuranza en su Reino.

Si en algo coincidimos tanto los hombres, hombres creyentes como ateos, es en que todos buscamos siempre el bienestar, la vida, la alegría y la felicidad. Lo malo es cuando se va por un camino equivocado. A veces se trata de una alegría aparente y engañosa, que lleva dentro tristeza y desilusión. En todo caso, siempre es una felicidad pasajera, que no puede llenar del todo nuestro corazón, que está hecho por Dios y para Dios, de tal manera que es como un inmenso vaso que sólo con una alegría eterna e infinita puede colmarse. Aunque alcanzáramos en este mundo una felicidad perfecta, bastaría con saber que ha de terminar con la muerte para que cayera una sombra de amargura y tristeza sobre esa alegría.

Jesús fue, sin duda, el hombre más perfecto, más equilibrado y más feliz de la historia, y, sin embargo, estaba deseando llegar al Padre, aunque fuera pasando por el dolor y el sufrimiento, como el viajero ansioso de llegar al hogar y a la patria, como las aves migratorias volando hacia el calor y el sol. Es imposible comentar en detalle tanta belleza y tanta esperanza, tanta alegría y tanta gloria como brillan en nuestra celebración. Bien podemos decir una y mil veces, en el pregón pascual que se proclamo en la Vigilia Pascual : "¡Qué noche tan dichosa! ¡Exulten los coros de los ángeles! ¡Goce también la tierra! ¡Alégrese nuestra Madre la Iglesia! ¡Noche santa que ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes!"

Amigos, Cristo vive en su cuerpo glorioso y también en su cuerpo doloroso. Debemos conocerle, reconocerle y servirle, en la fe de la ausencia y en la caridad de su presencia, empujados por la esperanza en el encuentro final.

¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECIÓN!!!

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A PESAR DE TODO… ES NAVIDAD

¿Dónde se vive la Navidad? ¿Qué es la Navidad?

Son las preguntas que les formule a unos jovenes el viernes pasado en nuestro encuentro semanal.

Las repuestas que me dieron y que no voy a reproducir aquí vaciaron por completo mi “cantimplora”.

Esto me lleva a cuestionarme la transmisión conocimientos, de testimonios y de valores dentro de las familias. Esto me lleva a reflexionar el grado de captación de conocimientos y vivencias de ciertos jóvenes que han recibido las “clases de religión” en las escuelas y los institutos.

Ante este ambiente los cristianos tenemos que llenarnos de fortaleza en el Espíritu, pues sabemos que a lo largo de nuestra geografía de piel de toro, y en el resto del planeta hay miles y miles de comunidades que se reunirán para celebrar que Dios hecho hombre, ha querido nacer como uno de nuestra familia.

Por muy preocupantes que sean las noticias de la economía, de la política o de la vida cotidiana que nos transmiten los medios de comunicación, debemos de hacer caso con gozo, del mensaje del profeta: “Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo”. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”.

Cierto que estos días para un cristiano nos deben de llenar de gozo nuestro espíritu, y quiero daros a conocer unas letras llenas de pasión que llegaron a mis manos hace unos años:

Es NAVIDAD a pesar de la crisis, el individualismo y la falta de solidaridad que segrega y margina... cada días hay más gente que tiene ganas de compartir y de vivir de forma sencilla y fraterna.

Es NAVIDAD a pesar de los crímenes, la tortura, la violación, la droga y la delincuencia...cada día hay más hombres y mujeres, niños y jóvenes que se desviven por un mundo más justo, mas humano, más responsable.

Es NAVIDAD porque a pesar del atontamiento de la televisión, el borreguismo de la publicidad y la manipulación de mucha información que se tilda de serie progresista... cada día hay más gente que se desvive para ser servidores de la verdad, para no jugar con las personas, para respetar los sentimientos de los otros.

Es NAVIDAD a pesar de la segregación, la marginación y las ansias de superioridad, la manía de clasificar a las personas o de catalogar a los vecinos... cada día descubrimos hombres y mujeres con explosiva sinceridad, hombres y mujeres de esperanza y defensores de sus hermanos más oprimidos.

Es NAVIDAD porque a pesar de las torres caídas, de los atentados del 11 M , del armamento nuclear y de las guerras fraticidas, las heridas de la metralleta terrorista, el desequilibrio mundial y la globalización inhumana...cada día hay más manos blancas con ansia de ser constructores de la paz, de convivencia y de hermandad.

Es NAVIDAD porque a pesar de que Herodes sigue presente en los dictadores de turno, en los explotadores sin entrañas, en los que promueven redes de destrucción...

Cada día hay nuevos magos que, guiados por la estrella del amor, descubren en el libro de la Palabra que el Niño Dios nacido en Belén, sigue naciendo en nuevas miradas, en nuevos sollozos, que luego vuelven a la vida cada día por caminos de Paz, Justicia y Amor.

A todos los que leéis “mi cantimplora ½ llena. ¡¡¡ FELIZ NAVIDAD!!!

 

 

Primeras comuniones


Durante estos días de la Pascua, mi amigo Germán me comentaba, que tenía  un grave problema. Su nieto recibirá la Primera Comunión dentro de unos días y su hija que está divorciada, no sabe qué “hacer con el padre de su hijo”. ¡El rompimiento del matrimonio fue traumático! ¿Qué pasará en la celebración? ¿Nos sentamos en el mismo banco?
Recuerdo que leí, no hace mucho tiempo, una carta que suelo utilizar para cuando me viene algún caso parecido, y que le ha dado algo de luz a mi amigo Germán, a su hija y a algunos feligreses.
Mira Germán, la primera comunión es para tu nieto un gran día. Va a ser admitido por primera vez a la comunión de la mesa eucarística en la comunidad cristiana. Esto representa una gran fiesta para la comunidad y para la familia. Todos se preparan largamente para ese día, tanto en la catequesis como en la preparación de los festejos. Todos queréis que resulte una gran fiesta en la iglesia y en casa.
Nunca, en su vida consciente, se ha encontrado tu nieto tan en el centro de todos. Es una fiesta para él y anticipa su alegría con ilusión. A veces esta ilusión queda nublada por tensiones e inseguridades. Una de las causas puede ser el divorcio de tu hija, como es ahora tu caso.
Probablemente los padres se han hecho algunas de estas preguntas, y yo les digo lo siguiente a estos padres con estos problemas:
¿Cuál es el papel de ambos padres en la preparación de la primera comunión (por ejemplo en las reuniones que se convocan)? ¿Qué pasa en la celebración: quieren/pueden sentarse en un banco como padres o prefieren mantener distancias? ¿Cómo os portareis en la celebración familiar? ¿Queda uno de los padres excluido? ¿Ha producido la separación tensiones también entre las dos familias? ¿Quién es invitado y quién no? ¿Habéis llegado a un acuerdo respecto a los regalos que recibirá vuestro hijo, o ha habido celos y rivalidad? Los niños se dan cuenta de tales tensiones entre el padre y la madre. Y eso podría estropearles la fiesta.
Para evitar esto, podríais reflexionar sobre algunas sugerencias que pueden contribuir a la distensión entre vosotros, padres separados.



Es de gran ayuda sentarse con tiempo, como padre y madre, para hablar de la fiesta. Los niños respiran al ver cómo el padre y la madre se esfuerzan por entenderse. En una fiesta así, quieren la mayoría de los niños que estén presentes tanto el padre como la madre. ¿Es eso posible entre vosotros, en la iglesia y en la fiesta familiar?
Si el padre o la madre tienen ahora otra compañía, su presencia es tal vez pensable si los niños conocen a la otra persona desde hace tiempo y se ha establecido una relación. Pero en el caso de que la presencia de esa otra persona pudiera suponer una provocación, es mejor prescindir de su presencia este día.
También conviene hablar de cosas muy prácticas. ¿Quién se sienta junto a quién? ¿Es posible sentarse a la misma mesa según qué personas? ¿A quién toca estar al lado del niño en la foto recordatorio: sólo el padre, sólo la madre, los dos, los otros familiares?
A veces hay que hablar antes de la fiesta con los parientes e informarles del acuerdo a que hayan llegado el padre y la madre y pedirles que, en aras de una fiesta, se debe conservar la paz.
En el caso de que en algún punto no puedan ponerse de acuerdo, podéis acudir al sacerdote o a alguna institución de consulta familiar en busca de consejo.
Si conseguís, a pesar de la separación o divorcio, hacer posible, como padre y madre, una hermosa fiesta eclesial y familiar para vuestro hijo, eso quedará como un buen recuerdo en la memoria del hijo y de vosotros.
La verdad es que estoy impaciente y espero que me cuente mi amigo Germán como ha transcurrido la Primera Comunión de su nieto.

 

 

¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre...!

Mi amigo Germán, lleva unos días, que está muy nervioso, y todo a consecuencia de la dimisión de Benedicto XVI. Según él, el Papa tenía que haber seguido en su puesto, e incluso me decía: “los reyes tienen que morir en la cama, o en la silla de ruedas, pues el Papa también”. No soy yo nadie para contradecirle cuando salen a flote los buenos sentimientos.

Ahora ya tenemos un nuevo Papa que se ha querido llamar Francisco. No el Francisco de Javier o el de Gandía, sino el “pobrecillo” de Asís.

Leía yo esta noticia de un periódico nacional: “decidir llamarse Francisco en sí mismo puede ser tan revelador como escribir una larga y sesuda encíclica”. Pero esta mañana, en su primer encuentro con los periodistas, el Papa ha explicado por qué adoptó el nombre de San Francisco de Asís, el santo de la pobreza y de la paz.

"¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!", ha asegurado. Y no sólo eso. A los miles de periodistas congregados en el aula Pablo VI del Vaticano Francisco les ha dado la bendición más exquisita, tolerante y bondadosa que se recuerde que haya ofrecido nunca un Papa: "Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia católica, otros no son creyentes. De corazón les doy la bendición en silencio, respetándoles, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios", ha asegurado en español, su lengua materna, metiéndose a todo el auditorio en el bolsillo.

"Este Papa es increíble", era el comentario unánime de los periodistas a la salida de la audiencia con Francisco. "Va a ser un Pontífice revolucionario". "En una semana este argentino es capaz de poner el Vaticano patas arriba". "Es demasiado bueno para ser verdad". Todo en esa línea.

¡Cierto! En esta sociedad, querido Germán, donde el dinero es el centro de la vida y de la corrupción decir que hay que ser pobre, es de locos o de revolucionario.

Juan Pablo II, en su viaje a Santo Domingo (1992), reavivó el compromiso social de la Iglesia a favor de la justicia. Fue la Iglesia de Iberoamérica la que proclamó, con acento de urgencia, la exigencia de una opción preferencial por los pobres, y allí surgió también la teología de la liberación. Nuestro Papa Francisco opta por una de estas partes, la opción preferencial por los pobres, pero esto no es nuevo.

La Biblia se ha ocupado siempre de los pobres, desde la llamada de Abraham (un caminante sin tierra y sin familia-estado), pasando por Moisés (liberación de los pobres-hebreos en Egipto), hasta los grandes profetas del Antiguo Testamento: ellos han sabido interpretar la marcha de la historia partiendo de los más pequeños, de los pobres de la tierra, de los justos perseguidos, etc. De esta forma, la misma Escritura de Israel viene a descubrir el problema verdadero de los hombres, más allá de la estabilidad cósmica o de la justificación del orden (desorden) existente: la razón de Dios que se define como justicia, viene a desplegarse en la liberación de los pobres y oprimidos.

Esta mirada activa de la Biblia no es una teoría: hay que actuar de una manera transformante. Sólo lo sabe de verdad, el que se penetra con su propio saber, en la realidad del mundo, para transformarla a la luz de lo divino. Por eso, la verdad sobre los pobres no se encuentra en la teoría, sino en el compromiso en su favor, como advierte Jesús en la parábola del buen samaritano.

Jesús conoce a los pobres desde el reino, en gesto de proclamación mesiánica. Eso significa que los mira desde Dios: de una forma misteriosa, racionalmente imposible de entender, dice que Dios está comprometido en gesto de amor fuerte con los más pequeños y oprimidos de la tierra.

Jesús conoce a los pobres actuando en favor de ellos, como muestra en toda su anchura y longitud el Evangelio: ha venido a curar a los enfermos, a «evangelizar» (ofrecer camino de liberación) a los pobres, concediendo dignidad (palabra, vida) a todos los marginados de su pueblo y de la historia de los hombres. Sólo en actitud de compromiso por los pobres se conoce de verdad lo que supone (lo que vale) el ser humano.

Finalmente, Jesús conoce a los pobres identificándose con ellos, tal como señala Mt 25, 31-46: «tuve hambre y me disteis de comer, fui exiliado y me acogisteis...». En todos los que vagan y sufren, sin pan y sin familia, sin casa, salud o dignidad sobre la tierra, padece Jesús como «pobre universal», encarnándose en la historia humana se introduce en la hondura de dolor y de opresión de los que sufren dentro de la historia.

Quiero terminar, amigo Germán, copiando la parte del artículo que te he comentado en el encuentro con los periodistas:

El Papa leía un discurso en el que analizaba la tarea de comunicar cuando, en un momento dado, ha aparcado el texto y se ha puesto a hablar espontáneamente. "Algunos no sabrán por qué he decidido llamarme Francisco. Os voy a contar una historia...", ha comenzado.
El Pontífice ha explicado que durante el Cónclave estaba sentado en la capilla Sixtina junto al cardenal brasileño Claudio Humes, ex arzobispo de Sao Paolo y ex prefecto de la Congregación para el Clero. "Un gran amigo", en palabras de Francisco. "Cuando la cosa comenzaba a ponerse peligrosa, me reconfortaba".

Cuando consiguió los 77 votos necesarios para convertirse en Papa, el Papa ha contado que los cardenales rompieron a aplaudir. "Humes me abrazó, me besó y me dijo: 'No te olvides de los pobres'". Esas palabras: los pobres. Pensé en san Francisco de Asís. Luego pensé en las guerras, mientras el escrutinio proseguía. Pensé en Francisco, el nombre de la paz. Y así entro ese nombre en mi corazón: Francisco de Asís. El hombre de los pobres, de la paz, que ama y custodia al creador. Y en este momento con el creador no tenemos una relación tan buena!, indicó con una sonrisa cómplice. "¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!".

Siempre he creído, que la Iglesia está iluminada, ayudada, fortalecida… por el Espíritu Santo.

 

AQUELLOS RECLINATORIOS


Mi amigo Germán solo quiere dar largos paseos, pues piensa que así, perderá la cantidad exagerada de calorías, que estos pasados días de fiestas navideñas, ha ingerido en su cuerpo. Me cuenta que ha terminado de leer una novela sobre personajes “longevos”, esto es, una familia que han vivido desde hace más de 15.000 años, no han conocido la muerte, y se han ido adaptando según los periodos de la historia. Me cuenta que Iago del Castillo es un carismático longevo de 10.300 años al frente del Museo de Arqueología de Cantabria, se ve arrastrado, en contra de su voluntad, a dirigir una investigación genética: sus hermanos Nagorno, un conflictivo escita de casi 3.000 años, y Lyra, una huidiza celta de 2.500 años, cansados de enterrar durante siglos a sus familias efímeras, están obsesionados con identificar su rara mutación y tener hijos longevos. Cierto, me dice Germán un buen tema para olvidarnos de la crisis.

Cierto que éste no es tema central de nuestros diálogos, pero es que algunas veces hay que olvidarse de teologías y acciones pastorales. Y mira por donde que mi amigo Germán me dice: ¿Tú te acuerdas que cuando éramos pequeños, y ayudábamos a misa en el Santo Ángel Custodio, las señoras venian a misa con un “catret” y en la parroquia habían aquellos famosos reclinatorios?

No llego yo a comprender para qué sirven ahora. Si oíamos la misa sin arrodillarnos y volvemos de comulgar y nos sentamos, ¿cuándo, diantre, va a usarse el reclinatorio? No se utilizan hoy ni las tablas-reclinatorios de los bancos.

Los reclinatorios que quedan son una vieja estirpe de aristócratas venidos a menos.
Antes eran utilizados por la nobleza este mobiliario parroquial. El pueblo no tenía trato con ellos.

Recuerdo que los hombres se sentaban en las pocas sillas que habían y, cuando llegaba el momento de alzar a Dios y sonaba la campanilla, se acuclillaban en una inverosímil postura para no tocar en tierra con las rodillas. Los más píos, arrodillábanse ostentosamente sobre un pañuelo doblado, y las mujeres, en el puro suelo con el apoyo de su catrecillo o pequeña banqueta de tijeras y correas. A lo sumo, utilizaban el tablero de los bancos.

El reclinatorio distinguía y otorgaba a su usuario cierta comodidad corporal y cierta línea estética para el rezo de rodillas. Había reclinatorios de alquiler en algunos templos. Mas en otros, el reclinatorio llegaba a ser de propiedad particular. Lo que hemos dicho: un menaje aristocrático. Pertenecía a un cristiano determinado —o a una cristiana concreta— y llevaba sus iniciales con clavos dorados en el apoyadero. Ese reclinatorio casi, puede decirse que reinaba sobre un trecho de iglesias. Porque el ámbito donde funcionaba, y donde permanecía en reposo hasta la nueva función, era siempre el mismo. Era, en la capilla lateral, su territorio propio. El sitio de doña Angustias. O el espacio de don Rosendo.

Quedan muy pocos. Ya lo pregonábamos al comienzo. ¿Para qué van a subsistir? Ni hay que arrodillarse, ni puede uno confiarse. Pero hubo incluso reclinatorios particulares que se amarraban con cadena y candado. Sólo su dueño tenía la llave. Esos reclinatorios ya no eran la aristocracía del templo. Eran la mismísima cabalgadura del feudalismo en oración.

Los ladrones se llevan ahora cualquier cosa de las iglesias, y es así que los reclinatorios los podemos ver en las casas de antigüedades. ¡Benditos reclinatorios!

 

 

 

El Adviento nos prepara para la Navidad


En estos días de Adviento le decimos a todos: Feliz Navidad, felices Pascuas, felices fiestas, feliz Año Nuevo... Las múltiples variaciones sobre un mismo tema tienen en común el deseo de felicidad. Durante estos días lo repetimos, muchas veces de palabra y por escrito, con más o menos adornos, con más o menos corazón. Forma parte del rito navideño el desear a otros lo que, sin duda, queremos para nosotros mismos, y a veces equivocadamente, lo buscamos donde no se puede encontrar.

La clave de la sinceridad del deseo está en que, además del gesto o la palabra, procuremos en la práctica la felicidad de los otros: los de cerca y los de lejos; los que sufren nuestros malos humores en el vecindario, y los que se ven afectados en la distancia por nuestras pequeñas decisiones económicas, políticas o culturales, que unidas a muchas otras construyen las grandes estructuras mundiales.

Hoy quiero daros a conocer unas reflexiones que he escuchado estos días, junto con otros muchos sacerdotes, pero que de forma indirecta, todo cristiano puede hacer suyas.

El Adviento de este Año de la Fe nos debe hacer vivir como mejores sacerdotes. El Adviento nos encauza para descubrir un mundo más alegre, esperanzado, animoso. Es tiempo luminoso y para quien tiene fe, le hace más alegre. El sacerdote debe servir al Señor con alegría, y sin embargo cuánta tristeza vemos en algunos sacerdotes. Actitudes que hacen frío e infecundo al sacerdote. No suscita vocaciones. Debemos en este tiempo trasmitir alegría en el ejercicio de nuestro ministerio.

Nuestro sacerdocio es un don de Dios y supone una conversión continua. La tenemos que poner en la acción trinitaria. Hemos sido llamados al sacerdocio para ser felices.

Estos días hemos proclamado las palabras del ángel cuando le dice a María “Alégrate”. Pues tambien a los sacerdotes y a todo cristiano nos dice: “alegraos, hoy os ha nacido un Salvador”. La gloria de Dios nos envuelve como los pañales del niño Dios. Es El Niño el que nos da el camino. No podemos estar amargados, pues nuestro banquete es participar de Dios.

Todo cristiano es un llamado a la felicidad y renunciar a esto es dramático. El Señor nos pide que seamos felices.

Imitando a Cristo, nos vamos realizando como cristianos y sacerdotes. Estamos invitados a la boda del Hijo y podemos ver, cómo en el evangelio de San Mateo, cap. 22, nos dice, cuál debe ser nuestra actitud. Nosotros, y todo cristiano, debemos ser personas que inviten a los  planes de Dios, pues estamos en un momento importante para la conversión. Tenemos qué perder el temor, y engrandecer el ánimo de decirle: Padre aquí estoy.

El Espíritu Santo viene a todo cristiano cuando el sacerdote celebra la Eucaristía.  Nos enciende el corazón para ayudarnos a realizar su proyecto a pesar de nuestros defectos o pecados. El espíritu nos reafirma en su amor.

Habla Señor que tu siervo escucha. Es el Señor el que nos ha elegido. Debemos dejar que Dios haga en nosotros su proyecto. Debemos saber escuchar al Señor. Hágase en mí según tu Palabra. Preguntémonos: ¿hacemos obras de Dios, o dejamos que Dios haga su obra en nosotros?

Miqueas nos dice en cap. 6: “Qué me pides, Señor”. Debemos ser justos y dejarnos llevar en la voluntad de Dios.
Al igual que hizo san José. Caminar humilde con Dios. Es su obra y no la nuestra, trabajamos para la gloria de Dios y no la nuestra. Así pues, trabajemos para que Dios haga de nosotros sus servidores. Que nos interpele. Aceptemos participar en su fiesta. Recordemos sus palabras: Acercaos a mí y os haré pescadores de hombres.

Cuántas veces hemos escuchado que son felices los que viven las bienaventuranzas, y felices los que conocen la voluntad de Dios y la cumplen. El Señor nos promete además una alegría que nada ni nadie podrá arrebatar. Para un cristiano no hay felicidad que merezca el nombre de tal si no se intenta compartir y prolongar más allá de la propia epidermis. Porque hay muchos, muchos, para quienes estos días no son de luz, de música ni de colores.

También en esas tierras —las del hambre, la guerra, la pobreza, la injusticia, la soledad, la tristeza, el abandono y la desesperanza— hay que montar el belén de la vida. Una vez más, la necesidad está cerca y está lejos: la distancia tiene la medida del espacio que se encuentra entre nuestra mirada sobre el mundo y nuestra acción. Nada ni nadie está realmente lejos si no distanciamos nuestra mente y nuestro corazón.

Unidos al Niño-Dios podemos intentar que la Navidad, que nos venden de espumillón, sea otra. Distinta, necesaria, capaz de plantar árboles y belenes de vida en los que seamos, unos para los otros, un regalo sorprendente y renovado.

Amigos: el cielo y la tierra se han encontrado. La consecuencia la cantan los ángeles: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

¡FELIZ NOCHEVIDA!  ¡FELIZ VIDANOCHE! 
¡FELIZ NOCHENUEVA!  ¡FELIZ NOCHEBUENA! 
¡FELIZ NOCHEFELIZ! ¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

DOCTORES DE LA IGLESIA


El día 7 de octubre de 2012 fue reconocido como Doctor de la Iglesia a San Juan de Avila. Como patrono del clero secular español, es de una gran importancia, pues a lo largo de muchos años se le había solicitado al Papa este gran reconocimiento. ¡Gran gozo para todos!

Para ser doctor de la Iglesia, debe ser santo, y este doctorado lo otorga el Papa solo a aquéllos que son reconocidos como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos. Los doctores de la Iglesia ejercen una influencia especial en el desarrollo del cristianismo.

Para ser doctor de la Iglesia ha de haber gozado de un particular carisma de sabiduría, en sus escritos y predicaciones, calificadas de doctrina eminente, a la vez que haber estudiado y completado con singular clarividencia los misterios más profundos de la fe y ser capaz de exponerlos a los fieles como guía en su formación y en su vida.

Cuatro son los doctores de la Iglesia española:

San Isidoro de Sevilla 
E1 26 de abril se celebra la fiesta de San Isidoro de Sevilla, uno de los obispos más ilustres de la historia de la Iglesia en España. De familia hispano-romana, Isidoro se convirtió en un ferviente obispo de la Sevilla romana y un puente que traspaso conocimientos desde el ocaso de la Edad Antigua al nacimiento de la Edad Media.

Procedente de una familia muy cristiana —sus hermanos Leandro, Fulgencio y Florentina son santos— Isidoro destacó siempre por su enorme sabiduría y su prudencia para pastorear al pueblo, defendiendo con firmeza la fe cristiana frente a los heréticos arrianos.

Fue un escritor muy fecundo. Hasta hoy nos han llegado muchas de sus obras y tratados sobre Astronomía, Geografía, Historia o Teología. Su obra más importante son las Etimologías, una especie de enciclopedia que compendiaba todos los saberes más importantes hasta su época y que fue materia de estudio de sacerdotes hasta el Concilio de Trento.

Su amor por los pobres fue muy grande. Antes de morir, repartió entre ellos todos sus bienes y pidió perdón públicamente por sus pecados. Murió a los 80 años. Fue declarado doctor de la Iglesia en 1722.

Santa Teresa de Jesús
El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila Teresa de Cepeda y Ahumada. A los 18 años entró en el Carmelo, pero hasta los 39 no comenzaría la etapa definitiva de su vida: el miércoles de ceniza de 1554, se produce la conversión ante la imagen de un Cristo muy llagado. Es entonces cuando funda el convento carmelitano de San José en Ávila y cuando inicia su  obra reformadora y comienza a escribir obras capitales de la historia de la espiritualidad (El libro de la vida, Camino de perfección, Castillo interior, Las moradas), que en 1970 la llevarían a ser declarada doctora de la Iglesia.

Emprende la reforma del Carmelo, al compás de la reforma católica del siglo XVI, y funda conventos —hasta quince— ya del  Carmelo Descalzo en distintas localidades como Medina del Campo, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Malagón, Burgos, Segovia, Beas de Segura y llega hasta Sevilla. Maestra de vida y oración, fémina inquieta y andariega, reformadora, ascética y mística, fuerte y sensible, apasionada por Jesucristo y fiel hija de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús falleció en Alba de Tormes en 1582. Su fiesta es el 15 de octubre.

San Juan de la Cruz
El 24 de noviembre, antes de la reforma litúrgica conciliar, era su memoria. Ahora es el 14 de diciembre, día de su muerte en Úbeda en 1591. Juan de Yepes y Alvarez nace el día 24 de junio de 1542 en Fontiveros (Avila). En 1563 ingresa en Medina del Campo (Valladolid) en la Orden de los Carmelitas. Cinco años después se une a la Santa Teresa en la reforma del Carmelo. Sacerdote desde 1567, el 28 de noviembre de 1568 funda en Duruelo (Avila) el primer convento masculino del Carmelo Descalzo. Cambia su nombre religioso por el de fray Juan de la Cruz.

De 1577 a 1578 fue recluido en la prisión conventual de los Carmelitas Calzados de Toledo. Tras huir de la prisión, marcha a Andalucía donde predica y sirve a la reforma carmelitana. En 1590 es destituido, por insidias, de todos sus cargos.

Beato desde 1657, santo desde 1726, doctor de la Iglesia desde 1926 como «doctor místico» y patrono de los poetas y escritores desde 1952, fue autor de extraordinarias obras, tanto por su calidad poética como mística. Entre ellas sobresalen, El cántico espiritual, Llama de amor viva y Dichos de luz y de amor.

San Juan de Ávila
Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 6 de enero de 1500. Beatificado en 1894, patrono del clero secular español desde 1946 y santo desde 1970, ahora  el 7 de Octubre se ha hecho realidad la proclamación oficial como doctor de la Iglesia, anuncio efectuado por Benedicto XVI el 20 de agosto en la JMJ 2011 Madrid.

Juan de Avila era de familia noble y pudiente. Tras estudiar Leyes, Artes y Teología, en 1526 es ordenado sacerdote y reparte sus bienes entre los pobres. Marcha a Sevilla con intención de irse como misionero a América. Pero el arzobispo hispalense le manda quedarse en la capital andaluza para evangelizar. Comienza su intensa actividad evangelizadora que tendrá a Andalucía como su epicentro. Predica, confiesa, escribe y enciende almas y corazones.

Tras Sevilla, evangeliza en Córdoba, Granada y Jaén. A partir de 1539 funda Colegios y Universidades, crea grupos o escuelas sacerdotales y realiza algunos inventos. En 1560 se retira a Montilla (Córdoba), donde muere el 10 de mayo de 1569, agotado por sus trabajos y enfermedades, diezmado por sus penitencias y confortado por su vida de ardiente caridad, de intensa oración y de amor a la cruz de Jesucristo.

Ante el reto en este Año de la Fe, tenemos que ser dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio se requiere ante todo hacer una experiencia profunda de Dios. Es lo que nos invita el doctorado del Maestro Avila, porque este fue el auténtico motor de su actividad evangelizadora; el secreto que se desborda haciendo eficaz la palabra y el ejemplo; el tesoro que crece a medida que se reparte.

 

EL "CEMENTERIO ALEGRE"



Nuestra costumbre cuando llega el día de Todos los Santos y de Difuntos, es visitar y rezar por nuestros familiares y amigos difuntos, a la vez que les llevamos flores. El cementerio es uno de los lugares donde tenemos enterradas a aquellas personas que nos dieron la vida, las alegrías y los consuelos. Ellos son nuestros Fieles Difuntos.

Cierto que el cementerio se llena de flores  con su peculiar colorido. Lo que no me podía imaginar, es lo que pude contemplar en mi último viaje a Rumania. Fuimos a ver “El Cementerio Alegre”. ¿Puede ser que al visitar a nuestros padres y familiares y amigos que nos dejaron en esta vida, nos pongamos “alegres”?

Fue una visita verdaderamente agradable, por su ambiente colorista, sus escritos en la lápidas, los cuales daban razón de la muerte de cada persona allí enterrada.

Los orígenes del Cementerio Alegre, están vinculados con el nombre de Stan Ioan Patras, un artista local que esculpió las primeras lápidas. Auténticos trabajos manuales propios del artesano más experimentado. En 1935, Patras talló el primer epitafio y, a partir de 1960, más de 800 de esas cruces de madera de roble estaban a la vista. Actualmente este proceso continúa haciéndose totalmente a mano por los discípulos del visionario artista, creando escuela y tradición.

El Cementerio Alegre, esta en la aldea de Sapantza, en lo que llaman el condado de Maramures y como he dicho, sus tumbas son pintadas al estilo naïfs. En cada una de ellas encontramos dibujadas y esculpidas en un bajo relieve el personaje allí enterrado. Tienen un escrito, en forma poética, explicando  cuál era su trabajo, sus preferencias o en otros casos una revisión de su vida. Los hay que relatan cómo se produjo su muerte, y en uno de los casos da consejo a los jóvenes.

Es un camposanto no convencional, cuyos epitafios irónicos, en muchas ocasiones, fueron capaces de arrancar una sonrisa a los que escuchábamos las lecturas y explicaciones de nuestra guía rumana. Con escuetas frases, como hemos dicho irónicas, se percibe rápidamente la personalidad del difunto. Son referentes a anécdotas de su vida, a rasgos particulares, o a detalles de cómo murió.

Algunos epitafios curiosos que el visitante puede encontrar en el Cementerio Alegre dicen: "Aquí descansa mi suegra, si hubiera vivido otro año más, yo ocuparía su lugar"; "Arde en el infierno, maldito taxi que viniste de Sibiu. Con todo lo grande que es Rumanía… ¿No pudiste encontrar otro lugar donde pararte? ¿Tuvo que ser frente a mi casa, para matarme?"; "Aquí yace mi mujer, fría como siempre"; "Aquí yace mi marido, al fin rígido".

Un accidente de un joven bebido que conducía su  coche: Recomienda  a sus amigos de la “pandilla” a no hacer como él y les pide que conduciendo no hay que beber. Una hilandera, que no se pierda la tradición de este bien hacer, pues en momentos difíciles de la economía se pueden sacar unos “dinerillos”. Una viejecita es recordada por sus “tortitas” y su ayuda a los pobres. El lechero explica cómo hay que hacer el buen queso y avisa, que con la leche, no hay que pasarse con “el agua”.

Acompañados los epígrafes de representativas ilustraciones, todo ello da como resultado una particular y respetuosa atmósfera humorística que demuestra que la última morada no tiene por qué ser algo tan tétrico ni tan lúgubre. La característica inusual de este cementerio es que se aparta de la idea en las sociedades europeas de la muerte como algo solemne. Se han hecho conexiones con la cultura Dacia, cuyos principios filosóficos postulaban la inmortalidad del alma y la creencia de que la muerte era un momento lleno de alegría y esperanza para una vida mejor.

Sapantza es un pueblo en el que la relación de los vivos con la muerte, es bastante particular. Allí se ha eliminado el tabú a la muerte que impera en nuestros días. También el resto del pueblo tiene una arquitectura característica. Casi todo está hecho de madera esculpida. Es todo un mundo etnográfico con sus iglesias, casas, tejados puertas…

Las Iglesias todas de madera, con característicos campanarios delgados y con alturas de unos cuarenta metros, hechas con troncos gruesos sin haber utilizado un solo clavo o vigueta de hierro, y que se construyeron durante los siglos XVII y XVIII, y que por dentro han sido pintadas con escenas bíblicas, todas ellas Patrimonio de la Humanidad.

Ha sido un bonito viaje que nos hace descubrir otras formas de ver la vida, y aunque la vida del turista, “es muy sacrificada” lo hemos pasado fenomenalment

 

LA FE ES UN DON DE DIOS


Quiero recordar que los cristianos debemos constantemente cruzar las puertas de la FE.

La “puerta de la fe” está siempre abierta y es la clave para entrar en la Iglesia de Dios; con este concepto, el Papa introduce la Carta Apostólica en forma de Motu proprio que instituye el Año de la fe. Titulado Porta Fidei, el documento explica el sentido de este tiempo especial de gracia que comenzó el 11 de octubre de 2012 (50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II) y acabará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo, Rey del Universo.

El Año de la fe, será pues, un camino que la comunidad cristiana ofrece a muchas personas que viven con la nostalgia de Dios y el deseo de reunirse con Él de nuevo. Por tanto, es necesario que los creyentes sientan la responsabilidad de ofrecer la compañía de su fe, para estar próximos a los que preguntan sobre la razón de nuestra fe. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. Según el Papa, “en este  Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el  Credo”.

Leído lo anterior por mi amigo Germán, me mira y me dice: “Pero todo esto tiene que ir acompañado con descubrir en nuestras vidas al Jesús de la historia, y al Cristo de la Fe”, y esto lo digo porque nos puede pasar como al religioso del convento ante la visita de un desconocido.

Escucha esta historia que ha caído en mis manos:

Un hombre quería vivir la fe y encontrar a Dios, y éste llamó a la puerta de un monasterio.
— Hace mucho tiempo que estoy buscando a Dios. Puede que usted pueda enseñarme el método correcto para encontrarlo a través de la fe.

— Entre y vea nuestro convento —dijo el religioso, tomándolo por las manos y conduciéndolo hasta la capilla. Aquí puede contemplar las más bellas obras de arte del siglo XVI, que retratan la vida del Señor y su gloria al lado de los hombres.

El hombre aguardó mientras el monje iba explicando cada una de las bellas pinturas y esculturas que adornaban la capilla. Al final repitió su pregunta:

— Todo lo que he visto es muy bonito. Pero a mí me gustaría aprender el método más adecuado para encontrar a Dios y vivir la fe...

— ¡Dios! —respondió el religioso. Bien lo dices: ¡Dios!

Y llevó al hombre al refectorio, donde se preparaba la cena de los monjes.

— Mira a tú alrededor: dentro de poco se servirá la cena, y tú estás invitado a comer con nosotros. Podrás escuchar la lectura de las Escrituras mientras sacias tu hambre.

— No tengo hambre y ya he leído todas las Escrituras —insistió el hombre. Quiero aprender. Vine hasta aquí para encontrar a Dios.

Una vez más, el monje tomó al extraño de las manos y lo llevó a caminar por el claustro, que circundaba un bello jardín.

— Les pido a mis monjes que  mantengan la hierba siempre cortada  y que saquen las hojas secas del agua de la fuente que ves en el centro. Creo que este es el monasterio más limpio de toda la región.

El extraño caminó un poco junto al religioso y después se disculpó diciendo que debía marcharse.

— ¿No te quedas para cenar? —le preguntó el monje.

Mientras montaba en su caballo, él extraño comentó:

— Los felicito por su bella iglesia, por el acogedor refectorio, por el patio, impecablemente limpio. Sin embargo, yo he viajado muchas leguas solo para aprender a encontrar mi fe en  Dios, y no para deslumbrarme con tanta eficacia, comodidad y disciplina.

Un trueno rasgó el cielo, el caballo relinchó con fuerza y hubo un temblor de tierra. De repente, el extraño se quitó su disfraz, y el monje vio que estaba delante de Jesús.

— Dios está donde le dejan entrar —dijo Jesús. Pero vosotros le habéis cerrado las puertas de este monasterio haciendo uso de reglas, orgullo, riqueza  y ostentación. La próxima vez que un extraño se aproxime pidiendo ayuda para encontrar a Dios, no le muestres lo que habéis conseguido en su nombre: escucha la pregunta e intenta responderle con amor, caridad y simplicidad. Y tras decir esto, desapareció.

Mi amigo Germán me miro fijamente y me dice: el monje del monasterio somos tu y yo, así que fíjate el gran camino que nos prepara el Año de la Fe.

Cierto —le digo. Para confesar la fe en Dios tenemos que estar llenos de la fuerza del Espíritu, llenos de convicción, y debemos poner nuestra confianza y esperanza en Dios.